Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano | Comunidad del País Vasco

Luís Fermín Orueta | BOL BILBAO | Presentación de El Psicoanálisis 39

 BOL BILBAO | Presentación de El Psicoanálisis 39

Luís Fermín Orueta

Fabián señala que Lacan comienza en su enseñanza por abordar los espejismos imaginarios del yo, donde destaca el amor en su dimensión narcisista, aquella que recuerda que es a tí mismo a quien amas en el Otro. A continuación situará el amor en la relación que el falo tiene con la falta cuando introduzca el registro simbólico. El amor se entiende aquí como un intercambio de faltas entre los amantes, como lo pone de manifiesto la célebre fórmula “amar es dar lo que no se tiene”, donde el falo, como significante de la falta, y por tanto del deseo, ocupa el único lugar de mediación entre la pareja. Esta mediación fálica quedará borrada o desdibujada, nos dice, a partir de su consideración de un real que el amor viene a recubrir en su segunda enseñanza.

Es en el seminario 20 cuando Lacan abre la perspectiva de la existencia de un real en el amor: “lo que suple la relación sexual es precisamente el amor”. El amor como una construcción simbólica que viene a ocupar el lugar de una forclusión estructural que determina la imposibilidad de escribir la relación de un sexo con el otro. Fabián nos dice que este amor, que permite suplir la inexistencia de relación sexual, incluye en su seno un agujero fundamental que lo estructura. Se define el amor entonces como abrigando un agujero que le da su base real. Por tanto, toda ilusión de poder encontrar a través del amor el complemento de ser que falta a todo hablante se evapora a partir de la consideración de este agujero que el amor viene a recubrir. Es esta perspectiva la que permitirá a Lacan avanzar en la relación entre el amor y lo real. Del S(A) barrado nos dirá que es el lugar donde el amor se dirige. S(A) barrado que se encuentra precisamente en el lado femenino de las fórmulas de la sexuación, indicando no sólo la ausencia del significante de La mujer sino que es precisamente esta falta la que va a motivar el despliegue del amor.

Fabián señala que, más tarde, Lacan utilizará el término suplencia no en relación al amor, sino al inconsciente. Así, en el seminario 21 (el de “Los no incautos yerran”) dice “el saber inconsciente es lo que se inventa para suplir el misterio del dos”, misterio del dos que viene a nombrar que en el encuentro de dos cuerpos, cada uno permanece uno, sin hacer relación sexual. Es el saber inconsciente por tanto lo que viene a responder a ese misterio del encuentro de dos cuerpos, lo que llevará a Lacan a hacer del amor un encuentro de dos saberes inconscientes. Se preguntará cómo un hombre ama a una mujer, respondiendo en un primer momento que es “por casualidad”, subrayando su dimensión contingente, para decir inmediatamente que un hombre no ama en absoluto a una mujer por casualidad, destacando el rol fundamental que juega ahí el plus de gozar. Es el plus de gozar de ella lo que la hace amable para él, y es el plus de gozar de él lo que le hace amable para ella. Este encuentro, dice Lacan, produce “un decir sin accidentes” en tanto que hace evento. Fabián interpreta que se trata de una enunciación que no conoce los cortes que el inconsciente impone. Nos dice que este amor se dirige al saber, en tanto el saber es inconsciente, y que este amor constituye lo que Lacan llama un “nudo de ser”. Un nudo borromeo pues, constituido por el acontecimiento de este decir sin accidentes, lo que hace que Lacan afirme que en el amor “cada uno teje su nudo”, que no quiere decir que los dos partenaires estén anudados por el amor, sino que es el encuentro de este decir sin accidentes lo que permite a cada uno tejer su propio nudo.

Algunas lecciones más tarde del seminario 21 enunciará “el amor son dos medio decires que no se cubren. Es lo que hace su carácter fatal. Es la división irremediable...Y no es solamente irremediable, sino sin ninguna mediación. Es la conexidad de dos saberes en tanto son irremediablemente distintos. Cuando ello se produce, ello hace algo totalmente privilegiado. Cuando los dos saberes se cubren, ello hace una sucia mescolanza”. Nos dice Fabián que aquí Lacan confirma el desplazamiento del amor centrado en la significación fálica, que corresponde a su período simbólico, a lo real del amor entendido como “dos saberes conexos”. Explica que la conexidad es una figura topológica que une dos partes separadas a la manera de un istmo (se incluye dibujo ilustrativo en el articulo). Así, de dos partes de tierra unidas por una superficie común se dice que son dos partes conexas. Dos saberes conexos, entonces, que comparten algunos significantes en común. Aclara que el hecho de que dos partenaires tengan significantes en conexidad no es lo mismo que ambos saberes se recubran. Esto último produciría una “sucia mescolanza”, la mescolanza del amor declinado en su dimensión imaginaria de querer hacer Uno de dos cuerpos. Aquí ambos saberes inconscientes permanecen separados y sólo comparten algunos significantes en conexidad. Cuando ésto se produce resulta algo totalmente privilegiado. Es decir, si del lado del goce, nos dice, se trata de dos que gozan cada uno de su Uno-todo-solo, la teorización de Lacan permite que, a nivel del amor, una conexidad entre saberes advenga posible, como el encuentro entre algo de lo no sabido del uno con algo de lo no sabido del otro.

El Seminario 24, por su parte, lleva por título “Lo no sabido que sabe de la Una-equivocación es el amor”, donde la Una-equivocación es traducida por Miller como el inconsciente real. Título que viene a indicar, nos dice Fabián, que el inconsciente fracasa en decirnos la verdad sobre el amor o, dicho de otra manera, que el amor sabe lo no sabido del inconsciente. Se trata de un amor que, advertido de la imposibilidad de escribir la relación sexual, funciona más bien como signo y no como significante. El amor hace signo aquí de que el saber del partenaire ha entrado en resonancia con el saber del sujeto. El deseo, a diferencia del amor, nos dice Lacan, tiene un sentido, el sentido que le proporciona el objeto al que el deseo está amarrado, mientras que el amor es una significación vacía.

Fabián cita, supongo que para encarnar un poco de qué va todo esto, ese escrito del poeta Rilke (que parece se refiere a su relación con Lou Andreas Salomé): “...Cuando dos seres han aceptado la distancia infinita que los separa, una vida lado a lado deviene posible. Tendrán que aprender a amar esta distancia para percibir al otro entero, recortado bajo el cielo…”

(Publicado en La Gaceta de la Comunidad del País Vasco nº12 - mayo -2022)