Un resumen de “Nada es sin goce / Hay no hay”

El texto de Miller que voy a resumir está publicado en la revista Scilicet como texto de orientación para el congreso de AMP con el título “Hay no hay”. Por otra parte, este mismo texto se corresponde con el capítulo 19, “Nada es sin goce”, de su curso Sutilezas analíticas.

Miller inicia el capítulo sosteniendo que, desde la perspectiva de la última enseñanza de Lacan, el goce no debe entenderse como una transgresión, sino como un funcionamiento normal.

En el primer apartado, titulado “Regulación de placer”, Miller explica que hay una etapa en la enseñanza de Lacan en la que el concepto de goce estaba vinculado al principio del placer en el sentido aristotélico. Ligado a una media: ni mucho ni poco, lo necesario. Es decir, en tanto que el goce representa un excedente de placer, la idea de equilibrio pleno queda en suspenso.

Miller señala que este funcionamiento va parejo al Seminario 11 de Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Allí, el placer coincide con las zonas erógenas identificadas por Freud, desde las cuales surge el vector del goce transgresivo que trasgrede la regla del placer. En este marco, el objeto a condensa el goce como “plus de gozar”. Este modelo del goce está concebido sobre el modelo del deseo: deseo y goce son los términos mediante los cuales Lacan distribuye el concepto de libido.

Miller prosigue su desarrollo indicando que es en el Seminario 7 donde Lacan plantea el modelo de deseo que sirve de referencia para pensar el goce como lo que se obtiene cuando se transgrede un límite. Sin embargo, el goce no puede entenderse como una transgresión de la ley del deseo, funciona con otra lógica. Mientras el deseo que puede ser prohibido, anulado, inhibido o cumplido, el goce es imposible de negativizar por la prohibición, ya que supera el umbral de la lógica del deseo articulada al orden simbólico.

Si la doctrina del goce deja fuera la ley y la transgresión, la pregunta sobre el papel del significante se impone. Miller subraya que el goce no es anterior al significante, aunque sea del cuerpo. El cuerpo de ese sujeto concernido por el goce, llamado parlêtre, no está antes que el significante. Por eso, el parlêtre no es un cuerpo. El goce es del cuerpo pero se apoya en el lenguaje.

En el segundo apartado del capítulo, titulado “Sustituciones”, Miller reflexiona sobre lo complejo que resulta demostrar de qué manera cuerpo y lenguaje se articulan para producir goce. El concepto lacaniano de sinthome es el que puede permite conjugar cuerpo y lenguaje. Dice Miller, “El sinthome domina el cuerpo pero es articulación y justamente decimos sinthome porque no hay abordaje directo sobre el goce. Por algo para calificar la cima de la relación con el goce, Lacan eligió la palabra sinthome”.

La palabra sinthome, de claras resonancias freudianas, remite al síntoma que para Freud es una formación del inconsciente que tiene un significado reprimido que se puede descifrar. Pero, sobre todo, es una satisfacción sexual de la que se priva al sujeto. Es decir, en el síntoma hay una satisfacción sexual sustitutiva que Freud ilustrará a través de las llamadas perversiones. En el paso por las perversiones se pone de relieve que se produce el mismo proceso de sustitución que en las neurosis.

Miller destaca que, tanto en la neurosis como en la perversión, está presente el goce sustitutivo, coherente con la evolución de la libido freudiana que plantea un modelo respecto del cual los desvíos se consideran variaciones de un desarrollo normal de la libido. Dice Miller: “La evolución de la libido, testimonia pues que primero hay que pasar por el goce sustitutivo antes de llegar al que ya no lo sería. Pero ¿qué es?. La referencia sobre la cual se miden las sustituciones en Freud es la sexualidad en su función reproductora (…) el coito ordinario”.

El tercer apartado del capítulo se titula “La ilusión de la relación sexual”. Miller subraya que para Freud todas las pulsiones se subordinan al primado de los órganos genitales. Dicho de otro modo, para Freud la sexualidad existe, para Lacan, no existe; no hay pulsión sexual total, el goce del que el parlêtre es capaz es siempre el que no hace falta para la relación sexual.

Para Lacan todo goce es sustitutivo y, si Lacan lo pudo formular así, es porque se separó de la teoría freudiana capaz de totalizar todas las pulsiones en el registro genital (para todo x fi de x).

Si la teoría freudiana de las pulsiones está organizada bajo la lógica masculina del falo, es completamente edípica, y la relación sexual reunía y subordinaba las pulsiones parciales. La teoría lacaniana propone un régimen del “no-todo”: no existe primacía del falo ni totalidad pulsional, sino una serie de goces sustitutivos respecto de la relación sexual inexistente.

En tanto que no hay pulsión sexual, el sinthome lacaniano es el síntoma generalizado, irremediable, metonímico, está en todas las partes en el significante. Hay un goce de la palabra, del saber, de la prohibición. No existe nada en la esfera del interés del parlêtre en lo que no se pueda ubicar el goce. Nada es sin goce.

Miller finaliza el capítulo sosteniendo que es improcedente pensar que el psicoanálisis consiste en abandonar o negativizar el goce. El goce solo puede desplazarse, redistribuirse o metonimizarse de otras maneras, pero no eliminarse. Hay goce del cuerpo y del pensamiento. Funciona como estratos u ondas que miden para cada sujeto su distancia respecto a la relación sexual que no existe.

“Queda el amor…., nos dice Miller, arrancado de su raíz imaginaria que nos ofrece la ilusión de la relación sexual. Y esto es lo que distingue, propiamente, del amor el goce. (…) y ese goce es el que está la vez más lejos y más cerca topológicamente de la relación sexual que no existe”.

En relación con este último párrafo, la carta que Rilke escribió a Emanuel Von Bodman, y que figura como introducción al texto de Fabian Fajnwaks en la revista El Psicoanálisis nº 39 sobre el amor en lo real funciona como un bellísimo cierre. Dice así:

“El reparto total entre dos seres es imposible y cada vez que se podría creer que un tal reparto ha sido realizado, se trata solamente de un acuerdo que frustra a uno de los dos partenaires, o aún a ambos, de la posibilidad de desarrollarse plenamente. Pero cuando se ha tomado conciencia de la distancia infinita que existirá siempre entre dos seres, cualesquiera sean, una maravillosa vida compartida adviene posible. Tendrán que ser capaces de amar ambos partenaires esta distancia que les separa gracias a la cual cada uno percibe al otro entero, recortado en el cielo”.

Inmaculada Erraiz

XV Congreso de la AMP No hay relación sexual, 30 de abril al 3 de mayo, 2026