Hablar de amor, hablar a las paredes (Parler d´amour, parler aux murs)

En el volumen preparatorio para este Congreso, Scilicet, encontramos el texto “Hay, no hay,” de J.-A. Miller del que tomo esta frase del final, “lo que queda es el amor”.

Encontramos también el texto “No hay relación sexual”, de Christiane Alberti, en el que se pregunta si en la contemporaneidad el amor sigue siendo una suplencia privilegiada de la no relación.

Esto me hizo recordar la conferencia de Lacan, “Hablo a las paredes” ( Lacan, J., “Hablo a las paredes”, 1ª ed. Buenos Aires, Paidós, 2012), en la que retoma unos versos que ya había mencionado en Función y campo:

Entre el hombre y la mujer, está el amor.

Entre el hombre y el amor, hay un mundo.

Entre el hombre y el mundo, hay un muro.

(Antoine Tudal)

Este amor, el que hay entre hombre y mujer del primer verso, Lacan lo descompone, o más bien lo compone, de objeto “a” y muro, a través del juego de palabras l´amour y l´(a)mur,

¿De qué muro está hablando?

¿El muro del lenguaje, que agujerea lo real y captura algo del goce, pero sin poder atrapar la verdad toda?

¿El muro de la castración, que pone un límite al goce sin límite?

¿O se podría decir que el muro del lenguaje conlleva el muro de la castración? Sea como sea, son los muros que constituyen el ser. Muros hechos para rodear un vacío, y que, por eso mismo, permiten alojar en su interior el objeto.

Es en estos muros donde resuena “el goce que podría llamarse sexual, y que el psicoanálisis demuestra que se manifiesta con la marca de la castración” (p. 116).

Así señala que: “en cuanto a la relación entre el hombre y la mujer, y en todo lo que de ahí resulte respecto a cada uno de los partenaires, a saber, su posición como así también su saber, la castración está en todas partes, (…) cuando algo se juega seriamente entre un hombre y una mujer, siempre se pone en juego la castración”. (p. 114, 115)

Es aquí, por lo tanto, donde se puede alojar el amor, y el lugar del objeto a.

Quiero señalar que Lacan dio esta conferencia en 1972, justo en la época en que estaba impartiendo el Seminario 19, …O peor, seminario que va a dar paso a su última enseñanza y donde va a elaborar las fórmulas de la sexuación, que después desarrollará en el seminario 20, y donde trazará el axioma “no hay relación sexual” y el concepto del Uno. Un Uno que no es el Uno unidad, sino un Uno solitario, de goce, un Uno que no hace relación. Es el Uno sin ese Otro que marcaría la castración, y por lo tanto daría la posibilidad de un lugar donde alojarse en lo simbólico. Al no ser así, solo puede resonar en sus muros.

No hay relación sexual porque el sexo no escribe ninguna relación en el ser hablante, no escribe la fórmula universal según la cual habría una condición necesaria y suficiente para ambos sexos que los haría complementarios.

La sexualidad pasa por los desfiladeros del significante que es el que establece la ley, pero que también marca la escritura contingente de las dimensiones particulares del goce a cada uno.

Necesitamos, pues, el muro que alza el discurso del amo y que produce un sujeto supuesto. Cuando este no se construye, es decir, cuando hay rechazo de la castración, no es posible el amor.

Leyendo esta conferencia, me planteaba que a estos momentos de civilización tan obscenos y brutales se le podría aplicar estas palabras de Lacan:

“Lo que distingue al discurso capitalista es la Verwerfung, el rechazo hacia afuera de todos los campos de lo simbólico. ¿El rechazo de qué? De la castración. Todo orden, todo discurso, que se emparente con el capitalismo deja de lado lo que llamaremos simplemente las cosas del amor. No es poca cosa” (p. 106)

Como reflexión final, creo que no nos queda otra opción que seguir apostando por el discurso analítico, para que, allí donde no hay relación sexual se dé la posibilidad de un amor más digno.

Felicidad Hernández

Espacio Hacia el Congreso de la AMP No hay relación sexual. Sede de Bilbao de la ELP, 16/4/2026