Comentario del capítulo 22 “Paradojas del acto analítico” del seminario 16 De un Otro al otro
Lacan da comienzo a esta clase recordando que tuvo que interrumpir lo que tenía que decir el año anterior sobre el acto analítico, a causa de las revueltas estudiantiles ocurridas en mayo de 1968.
En la lectura que hace Miller sobre este seminario, nos indica que la intención de Lacan en este texto era doble: por un lado, se disponía a introducir la lógica del acto analítico y por otro lado, trataría de resumir los resultados adquiridos en el seminario 15.
Voy a tratar de resaltar las preguntas que Lacan se plantea en este texto para poder ubicar el avance que supuso en su enseñanza.
El acto analítico
Lacan comienza su resumen, recordándonos que de lo que se trataba en el seminario anterior era del acto analítico del que dice: “que nadie había siquiera pensado nombrar como tal, antes que yo, lo que es signo preciso de que ni siquiera se había planteado la cuestión, de que en psicoanálisis había en alguna parte un acto”.
La estructura del Otro
Lacan indica que su punto de partida será la estructura del Otro: “Este Otro, permanece siempre estable en el horizonte de todos nuestros pensamientos. Se trata de mostrar su alcance y de revelar que para nosotros él no plantea dudas en nuestro horizonte”.
Miller nos da una orientación sobre el estatuto y la transformación de este Otro en la enseñanza de Lacan: “Asistimos en este seminario a una transformación de lo que Lacan utilizaba hasta entonces como función del gran Otro. Voy a enumerar algunas de las diferentes formas que Lacan ha podido dar al Otro. El Otro como lugar de la verdad, el Otro como lugar del código, el Otro como tesoro de los significantes…etc. Después viene la transformación que consiste en escribir ese Otro con una A barrada”. Lacan llegó a esta concepción del A barrado, del Otro que no existe, o el Otro como Sujeto Supuesto Saber como una función destinada a desvanecerse.
“El Otro en la primera parte de este seminario es un Otro de estructura laminada. Este Otro laminado es un Otro que presenta una estructura indefinidamente repetida. De ahí se deduce el estatuto del gran Otro en este momento”1.
El Sujeto Supuesto Saber
“Retomo el plan por el cual creí el año pasado tener que introducir la paradoja del acto analítico. El acto psicoanalítico se presenta primero como incitación al saber. La regla que se da al psicoanalizante implica que puede decir todo lo que quiera. Si podemos confiarles esta empresa, es precisamente debido a que está implícito, que digan lo que digan, hay Otro, el Otro que sabe lo que eso quiere decir”. Se trata de la función del Sujeto Supuesto Saber. “Este principio es lo que está en el horizonte de lo que hace posible la experiencia psicoanalítica. Se trata, pues, de que, aún si no hay razón suficiente en lo que sea que digan sin tener en cuenta más que lo que se les pase por la cabeza, siempre habrá para eso una razón suficiente. Y esto basta para poner en el horizonte al Otro, el que sabe. La cosa es completamente clara en los sujetos privilegiados de esta experiencia, a saber, los neuróticos. El neurótico procura saber, y al comienzo de la experiencia analítica, no tenemos ninguna dificultad para incitarlo a dar fe a este Otro como lugar donde el saber se instituye, al sujeto supuesto saber.”
La interpretación
Lacan se pregunta: ¿Cómo intervenimos alrededor de eso que se articula? Intervenimos por una interpretación: “alrededor de lo que se articula como saber a ras de la tierra, lo más a ras de la tierra posible, intervenimos por una interpretación. Un tipo de interpretación que se distingue porque, en lo que se articula en adelante como saber, por primitivo que sea, la interpretación apunta a un efecto, efecto de saber”. “Lo que el psicoanálisis reveló y que antes no se sospechaba, es lo que se produce en el saber, esto es, el objeto a.”
No hay relación sexual
Miller nos dirá que lo que señala Lacan aquí es un “relámpago, una deducción del “no hay relación sexual” en el sentido de una relación lógicamente definible entre el signo de lo masculino y de lo femenino”2.
“En esta producción de saber, se trata de un real del cual es posible obtener su consistencia lógica a partir de la convergencia hacia una imposibilidad. La imposibilidad de la relación entre los sexos”. “Por lo tanto aunque el acto subsista como sexual, no puede hacer relación sexual porque se trata de un acto siempre fallido: entendemos por siempre fallido lo siempre imposible de alcanzar. Eso da a ese fallido del acto sexual la presencia, en el corazón de toda relación sexual, de la castración”.
Recorrido de un análisis
“El psicoanalista induce al sujeto, al neurótico en este caso, a comprometerse en un camino en el que él lo invita al encuentro de un sujeto supuesto saber, en la medida en que esta incitación al saber debe conducirlo a la verdad. El psicoanalista es quien resulta de hacerse verdaderamente cargo del sostén de este Sujeto Supuesto Saber. Al término de la operación hay evacuación del objeto a, en tanto el objeto a había venido a colocarse en esa brecha, en esa hiancia de la relación sexual que no existe y es este objeto evacuado lo que el analista mismo representará. En otras palabras, al volverse él mismo la ficción rechazada, el analista cae”.
La paradoja del acto analítico
Tras este recorrido por la experiencia analítica Lacan vuelve a hacerse una pregunta, en este caso sobre el analista: “Si es verdad que el analista sabe qué es un análisis y a qué conduce, ¿cómo puede proceder a este acto?”. ¿El analista sabe o no lo que hace en el acto psicoanalítico? Queda una interrogación “en cuanto a un acto que, para quien lo inaugura, el psicoanalista, solo puede iniciarse velando lo que será para él, el fin del proceso, en la medida en que el término determina retroactivamente el sentido de todo el proceso, que propiamente causa su final.”
Es ahí, alrededor de esta pregunta que Lacan acentúa el enigma y la paradoja del acto analítico.
Con esta cuestión concluye Lacan su propósito de resumir los resultados adquiridos el curso pasado y avanza en lo que quiere introducir este año. Dice: “Aquí lo dejé el curso pasado. Y ahora voy a darle una continuación”.
Transferencia y repetición
“La transferencia se define por la relación con el sujeto supuesto saber, en la medida en que es estructural y está ligada al lugar del Otro como lugar donde el saber se articula ilusoriamente como Uno. Al interrogar de este modo el funcionamiento de quien busca saber, es necesario que todo lo que se articula, lo haga en términos de repetición”. “Si operamos tal como hemos recordado, debemos admitir que sólo se interpreta en el análisis la repetición”.
Miller nos permite ubicar bien esta cuestión:
“Debo señalarles un párrafo que revisa una tesis de Lacan y que va en sentido contrario a su conocida distinción entre transferencia y repetición. En este texto, pone el acento sobre la implicación de la transferencia a partir de la repetición; entiende por repetición lo que se escribe S1-S2 y siguientes. En este sentido, el campo analítico como tal está estructurado como campo de la repetición, de tal modo que la transferencia, no puede aparecer más que bajo esta forma también. Lacan hace de la repetición, en este sentido, la forma misma significante, la estructura impuesta al discurso en la experiencia analítica. En este sentido, solo es interpretable la repetición.
Esta cuestión puede verificarse cuando un paciente dice alguna cosa como “me doy cuenta de que todos los hombres que he amado… tienen tal o cual característica”. Tenemos aquí un destello de la conjunción de la interpretación y de la repetición, que es darse cuenta de que los encuentros, las contingencias obedecen en realidad a una ley, un para todos. Cuando el para-todos surge en la repetición y en la interpretación, hay, en efecto, una esperanza, una oportunidad de que el sujeto se desprenda de esa ley”3.
Lo ininterpretable es el lugar de a que viene a ocupar el analista
Con esta aclaración de Miller, retomo el texto de Lacan: “Si operamos tal como hemos recordado, debemos admitir que sólo se interpreta en el análisis la repetición” y añade: “por otra parte, lo ininterpretable en al análisis es la presencia del analista”. “La presencia del analista es su lugar fuera de significante. Es decir, el lugar de a”.
“Aquí, sería instructivo confrontar el acto psicoanalítico con la práctica masoquista”. Miller esclarece este punto:
“… hay afinidades entre la posición del analista y la del masoquista, al punto de establecer al analista en una posición que se podría plantear como para-masoquista porque tiene la posición de a y soporta la ficción del sujeto supuesto saber. El analista no es una ficción pero introduce su aire, su persona y el pequeño mundo que representa para que se pueda creer en la ficción del sujeto supuesto saber y lo hace aceptando una posición de caída en la experiencia”. “El analista está puesto en posición de a, de deshecho, pero él es de hecho el verdadero amo del juego. Aunque se le entreguen las llaves de la asociación libre, él no es más que el falso amo del juego”4.
Deseo del analista
Lacan se hace una pregunta:¿“Qué deseo empuja al analista a desempeñar esta función? ¿Qué deseo, qué satisfacción encuentra?”
La primera de las paradojas, de los enigmas del acto analítico es éste: si es verdad que el analista sabe qué es un análisis y a qué conduce, ¿cómo puede proceder a este acto?
Y la segunda paradoja que se plantea, es “¿qué actor de la escena trágica sería el analista, que no es el coro, que no es el público ¿qué es este actor que se borra evacuando el objeto a?”.
Miller nos ofrece una respuesta en su comentario:
“Es sorprendente que, al retomar en este Seminario, la teoría del acto psicoanalítico lo plantee del lado de la paradoja, del enigma y de la aporía. Según Lacan ¿Cuál es el enigma central del acto psicoanalítico en este seminario? Es un enigma cuyo asiento es el psicoanalista mismo, no el analizante; es el misterio del deseo del analista, bajo la forma del deseo de producir al analista en la medida en que un análisis se concluye por la caída de la función soportada por el analista… la caída, la desaparición, la evaporación del sujeto supuesto saber, no es de una sola vez. El proceso es repetitivo y arrastra al analista que se hace soporte en esta caída”5.
Para terminar quisiera destacar que el título de este Seminario De un Otro al otro señalando el paso de la mayúscula a la minúscula, es decir, lo que viene a decir el A barrado, sería la consecuencia de su elaboración del seminario sobre “El Acto psicoanalítico”.
Onintza Orbegozo
Notas:
- Miller, J.-A., “Una lectura del seminario de Otro al otro”, Freudiana 57. ↑
- Miller, J.-A., “Una lectura del seminario de Otro al otro”, Freudiana 57. ↑
- Miller, J.-A., “Una lectura del seminario de Otro al otro”, Freudiana 57. ↑
- Miller, J.-A., “Una lectura del seminario de Otro al otro”, Freudiana 57, pp. 16-17. ↑
- Miller, J.-A., “Una lectura del seminario de Otro al otro”, Freudiana 57, p. 15. ↑
