«Haiuno»
Es el rasgo que he escogido en el cártel exprés “Hacia el XV Congreso de la AMP” del que formo parte y que hemos titulado “Declinaciones de la no relación”.
Lacan enlaza esta expresión “Hay de lo Uno” o “Haiuno” (“Yadl´Un”) del seminario 19, O peor…, con el aforismo “No hay relación sexual” propuesto en el seminario anterior, De un discurso que no fuera del semblante, y como una consecuencia lógica del mismo.
Lacan se sirve del Uno no para hacer una ontología, como Platón en el Parménides, sino una henología, una doctrina del Uno. Se trata de privilegiar lo que hay, la existencia, a lo que es, a la esencia. Recurre a la noción del Uno para seguir explorando la relación entre el significante y el goce, núcleo de su enseñanza. Se sierve de la noción del Uno para poder atrapar el efecto del significante en el ser hablante y el real que de ello se deriva.
Jacques-Alain Miller en sus Paradigmas del goce sitúa en el sexto paradigma la no relación. Es un paradigma que muestra un giro en la enseñanza de Lacan, y que subvierte lo que había sido hasta entonces su enseñanza, dando inicio a su última enseñanza. Podemos situarla en el Seminario 20, Aún, que parte de un hay: hay goce. Parte de la evidencia de que hay goce como propiedad de un cuerpo vivo. Si hasta entonces, para Lacan, el supuesto del psicoanálisis es un sujeto que habla y que está tachado, barrado por el significante a partir de Aún lo será un cuerpo vivo. Solo hay psicoanálisis de un cuerpo vivo y que habla, lo que para Lacan en este seminario será” un misterio”: el parlêtre
Esta perspectiva que no parte de la comunicación, de la intersubjetividad, sino del goce y de que este afecta solamente a un cuerpo vivo implica una disyunción entre el goce y el Otro. El punto de partida del goce reconduce a un Uno solo, separado del Otro. Todo lo que del goce es goce Uno, goce sin el Otro.
A partir de aquí Jacques-Alain Miller declina distintas figuras de lo Uno. En primer lugar, como hemos dicho, todo goce material, efectivo es goce Uno, goce del cuerpo propio. Es siempre el cuerpo propio el que goza. Perspectiva bien percibida por los cínicos.
En segundo lugar, la otra versión del goce Uno que despliega Lacan es el goce especialmente concentrado en la parte fálica del cuerpo. Es lo que definió más tarde como goce solitario, del idiota, porque se establece en la no relación con el Otro, y del que el goce masturbatorio constituye una de las figuras prínceps del goce Uno.
En tercer lugar, otra figura del goce Uno: hay un goce de la palabra. Mientras toda la enseñanza de Lacan nos conducía a pensar la palabra en tanto palabra de comunicación, dirigida a otro, a partir de este paradigma de la no relación tenemos que la palabra es esencialmente goce y no comunicación. Es lo que Lacan señala como el goce del parloteo, del blá,blá,blá. Es solo una modalidad del goce Uno, un modo de satisfacción específico del cuerpo hablante.
En cuarto lugar, podemos situar las diferentes figuras de la sublimación, entre ellas el Uno del amor. El amor es la ficción que suple por excelencia a la relación sexual que no existe. El amor crea o hace existir a un Uno imaginario. El Uno imaginario que crea el amor supone al amor un estatuto narcisista. Lacan desarrolla en su última enseñanza un más allá de este estatuto imaginario, narcisista del amor con su idea de “un nuevo amor”, que incluye lo real.
Finalmente, y como otra de las declinaciones de lo Uno podemos situar, y Jacques-Alain Miller lo hace singularmente en su curso El ser y el Uno, al Uno de la existencia. Miller se pregunta:”¿Cómo ha llegado lo Uno al mundo?”. Y responde: ”Gracias al significante”. Hay lo uno es también hay sustancia significante. En la medida en que se introduce este hay lo Uno como dato primario Lacan se ve llevado a aislar el goce como otra sustancia. Esta sustancia gozante es estrictamente correlativa a la noción de sustancia significante. La sustancia gozante pertenece a otro registro, es asignada al cuerpo, cuerpo definido aquí no por la imagen del estadio del espejo, por la forma, sino como “lo que se goza”.
Lo que el lenguaje introduce en el goce es la repetición de lo Uno. Lo Uno conmemora una irrupción de goce inolvidable. El sujeto se encuentra entonces atado a un ciclo de repeticiones, de iteraciones, que se mantienen al margen del sentido. El síntoma freudiano tiene sentido mientras que el sinthome lacaniano se repite pura y simplemente.
Y concluye Miller en su curso El ser y el Uno: ”El goce repetitivo, el goce llamado de adicción y en el que se sitúa el sinthome no tiene relación más que con el significante Uno, con el S1 solo, lo que significa que no entra en relación con el S2 que representa el saber (…) es autogoce del cuerpo por el sesgo de S1 sin S2. Se encuentra fuera del saber. Lo que hace función de S2, la función del Otro, es el cuerpo mismo”.
Juan Jesús Ugarte
Espacio Hacia el Congreso de la AMP No hay relación sexual. Sede de Bilbao de la ELP, 16/4/2026
Bibliografía:
- Carbonell, Neus: “Haiuno”. Claudia González (coord.). Aforismos lacanianos, NED ediciones, NED, Barcelona 2022.
- Lacan, J. El seminario libro 19 … o peor, Buenos Aires, Paidós 2012.
- Miller, J-A.: “Los paradigmas del goce” y “Las migajas de goce”. La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Paidós, Buenos Aires 2003.
- Miller, J-A.: Curso El ser y el Uno. Inédito.
