¿Qué del amor?
Algunas notas sobre el texto “No hay relación sexual… entonces hay amor” de Fabian Fajnwaks[1].
Lacan en “L´étourdit” en 1973 puntúa de nuevo el aforismo que da nombre al próximo congreso de la AMP “no hay relación sexual”. Esa falta de armonía a la que apunta el aforismo lacaniano, ese desacuerdo, Lacan lo viene nombrando de diferentes modos ya desde el seminario 14.
En el seminario 20 Aún, nos aclara que esa falta de proporción puede ser suplida por el amor, “el amor es lo que permite suplir la ausencia de relación sexual”, nombrando de este modo el amor como suplencia.
El amor vendría entonces al lugar donde por estructura falta la armonía, eso que ligue el encuentro. Pero ¿de qué amor hablamos?
Fabian Fajnwaks articula 3 modos de amor en el texto que me ha tocado comentar para este encuentro:
Por un lado el amor Imaginario. Ese que se apoya en el narcisismo del sujeto. Donde el sujeto se ama a si mismo a través de su partenaire, que es quién le reenvía una imagen completa de sí, funcionando de este modo con el principio del estadio del espejo. El sujeto encuentra una forma más completa en el reconocimiento que el partenaire asegura al amarlo, reconfortando su narcisismo. Nos aclara que este modo de elección amorosa se sostiene muchas veces largo tiempo a costa de que este reconocimiento se mantenga.
Por otro lado el amor simbólico, ese que instituye el intercambio de faltas, de dones, como dice la formula “amar es dar lo que no se tiene a quien no lo es” que Lacan formula en el Seminario 7. Recordemos que ya en el Seminario 5 Lacan enunciaba: “El problema del amor es la profunda división que introduce en las actividades del sujeto. De lo que se trata para el hombre, de acuerdo con la propia definición del amor, dar lo que no se tiene, es de dar lo que no tiene, el falo, a un ser que no lo es”.
Aquí se afirma la postura fálica nos dice Fajnwaks, el ser amante encuentra en el partenaire la posibilidad de obturar su falta, reforzándose fálicamente en el intercambio. De este modo hace don de su falta para ser reconocido en ese lugar de colmar la propia falta. Empalman aquí amor y deseo, encastrándose ambos niveles. El falo, hace mediación, manteniendo la disimetría, es decir, el no hay relación, ya que cada uno ama algo distinto en el otro. Cada uno se completa y completa al otro en un punto distinto de la estructura y de su ser, asegurando así el encuentro.
El fantasma de cada uno permite que a nivel del deseo también el partenaire venga a ocupar el lugar del objeto del deseo. Nivel en el que la mujer se presta a la perversión del macho. Él, su subjetividad o un rasgo de su cuerpo encarnarán, a su vez, una forma del objeto de la “condición erótica” para ella.
Cabe recordar que Lacan ya en 1974, en el Seminario 21, “Los no incautos yerran” dejaba la posibilidad de elección a cada ser hablante de “autorizarse de sí mismo como ser sexuado” saliendo de ubicarse en lo hetero.
Allí donde Freud veía cierta sospecha engañosa en el amor, Miller nos recuerda que en la última enseñanza Lacan habla de la dignidad del amor. En la Nota Italiana de 1973 Lacan apunta a “Agrandar los recursos a los cuales llegaríamos a prescindir de esta molesta relación (la no relación) para hacer que el amor sea más digno”.
En esta declinación del amor, en el Seminario 21 Lacan ya no conecta el amor con la verdad sino con el saber y esto lo llevará a postular en el Seminario 24 que es el “amor quien sabe de la una equivocación”, ya que el amor es un saber inconsciente basado en un equívoco, en un malentendido.
De este modo se va desplegando la disyunción entre la verdad, medio-dicha y el saber inconsciente. Lacan afirmará en ese mismo Seminario 21, en la clase del 15 de enero de 1974 que: “El amor es la verdad pero en tanto que a partir de ella, de un corte, que comienza otro saber que el saber proposicional, a saber, el saber inconsciente”
Y en otro momento de la misma clase nos dirá: “El amor es la verdad en tanto que no puede ser dicha del sujeto más que como supuesta, como lo que es supuesto poder ser conocido del partenaire sexual”
Esto lleva a Lacan a definir en ese mismo seminario el amor como “dos medio-dichos que no se recubren” verdad irremediable donde no hay mediación fálica. Nos dirá que “Cuando estos dos saberes se recubren eso hace una sucia mescolanza”. Aquí cada uno en el encuentro guarda su propio lugar de enunciación, su propio saber, donde el saber de uno entra en conexidad con el saber del otro.
Conexidad remite a la concatenación de una cosa con otra. Aclara que es un término de la topología que evoca una superficie continua que reúne a dos cuerpos distintos. La conexidad por tanto supone la articulación entre significantes. Pero la dimensión del saber estará tocada por el S de A tachado, ya que es el amor el que sabe del inconsciente, de esa Una-equivocación que antes nombraba.
Esto no implica el resurgir del Uno del amor, ya qué según el principio de la diferencia absoluta cada saber permanece diferente al otro, pese a ello no le impide encontrarse “conexo” a otros saberes.
Fajnwaks concluye su texto aclarando que el amor adviene en este punto como un decir advertido de lo real de la existencia de la no relación sexual y la imposibilidad de inscribirla. Dos que permanecen siendo uno síntoma del otro, en una división irremediable y no se suman en un Uno totalizante, permitiendo el encuentro entre lo no sabido del uno con lo no sabido del otro.
Estibaliz Cotos
Espacio Hacia el Congreso de la AMP No hay relación sexual. Sede de Donostia, febrero 2026
Notas:
- Fajnwaks Fabian, “No hay relación sexual… entonces hay amor”. Virtualia 43. 2023 ↑
