Abordaje de conductas autolesivas y/o tentativas de suicidio en una unidad sociosanitaria
“Una persona, al descubrir que es amada por ser como es,
no por lo que pretende ser, sentirá que merece respeto y amor”
Carl Rogers
El lugar
La unidad residencial Abegia es un recurso residencial de alta intensidad, atención 24h, dependiente del Instituto Foral de Bienestar Social y suscrito bajo convenio de colaboración entre la Diputación Foral de Álava, el Departamento de Sanidad y consumo del Gobierno Vasco y Osakidetza.
Este servicio residencial es entendido como una unidad de rehabilitación psicosocial a corto, medio y largo plazo para acoger y atender a personas que no disponen de un adecuado soporte socio-comunitario acorde a su situación biopsicosocial y que tienen dificultades en la adherencia a tratamientos clínicos específicos, debido a patologías graves y drogodependencia, a fin de procurarles una evolución favorable de su estado de salud y en su itinerario de inserción socio comunitario.
Capacidad de 14 plazas
La estructura del edificio cuenta con elementos preventivos (cristales y ventanas de seguridad, espejos especiales, persianas automáticas…). La normativa impide que las personas residentes puedan tener tóxicos, medicación, objetos punzantes, colonias, etc… en su habitación. En contraposición, elementos propios de un abordaje socio comunitario, como la libre circulación de personas residentes por espacios comunes, el respeto a su intimidad, la voluntariedad de la estancia, así como la ausencia de espacios y/o habitaciones de contención, pueden ser elementos que dificulten garantizar la seguridad de la persona residente en un espacio como Abegia.
El perfil
La Unidad Residencial Socio sanitaria Abegia tiene como misión la rehabilitación psicosocial a medio–largo plazo de personas de entre 18 y 65 años de edad en las que concurren todas las siguientes circunstancias:
- Presentar trastornos mentales severos (psicosis, esquizofrenia, trastorno grave de personalidad, trastorno bipolar);
- Tener conductas adictivas, con sustancias (legales o no) o sin sustancia (juego patológico, compras…)
- Estar en riesgo o situación de exclusión social.
A lo largo de esta charla en muchas ocasiones me referiré a perfiles en los que las conductas autolesivas graves con o sin intención de muerte eran especialmente recurrentes tanto en contexto de abstinencia como en contexto de consumo abusivo de tóxicos. Por otro lado, es importante tener en cuenta que en el perfil atendido es habitual encontrarnos con personas que presentan sentimientos de desesperanza, soledad y sufrimiento en mayor o menor medida de forma casi constante, personas que han pasado por múltiples adversidades, con una consecución de pérdidas a sus espaldas, de elementos externos y de sí mismas, con experiencias traumáticas a sus espaldas, la gran mayoría sin resolver, y por lo tanto con elementos escindidos que emergen de forma abrupta y que les ponen en situación de riesgo con frecuencia.
El equipo y el modelo de intervención
1 coordinadora, 1 psicóloga, 1 enfermera, 5 educadoras, 7 integradoras. Psiquiatra y enfermera del COTA adscritos al proyecto, psicóloga y técnico de referencia en IFBS. Seguridad, cocina, limpieza y mantenimiento. Un equipo de intervención directa mayoritariamente del ámbito social. Trabajamos desde un abordaje integral, biospicosocial e interdisciplinar, donde el vínculo y el acompañamiento profesional es una de las herramientas principales de trabajo.
El protocolo de prevención de suicidios y/o conductas autolesivas
Nuestra manera de abordar estas conductas, ha ido modificándose de forma progresiva a lo largo de los años, quizás en un primer momento, el establecer un espacio seguro (retirada de objetos, cambio de habitación, supervisión intensiva, suspensión de salidas y/o visitas…) aunque se planteaban de forma individualizada y en la medida de lo posible, acordada con las personas residentes, eran cuestiones en las que parecía que el equipo profesional era el principal actor y responsable.
Sin embargo, desde la experiencia, podemos señalar que si bien desde los profesionales, debemos proporcionar un espacio lo más seguro posible, la realidad nos ha mostrado cómo la eficacia de estos elementos preventivos que la persona percibe como algo externo, sin que haya una colaboración activa y ajustada a sus capacidades y momento, han sido poco eficaces para abordar y/o reducir conductas autolesivas y/o tentativas de suicidio que algunas de las personas atendidas presentaban de manera recurrente. Es más, en muchas ocasiones, hemos sentido que en la medida en la que la responsabilidad del cuidado y protección de la persona recae en mayor medida en las figuras profesionales de la red de cuidados (equipo de la residencia, psiquiatra, servicio de emergencias y/o urgencias…), menor era la capacidad de la persona para frenar y/o extinguir determinadas conductas autolesivas. La sensación que nos transmitían algunas personas atendidas era que se dejaban caer de espaldas esperando que alguien colocará un colchón para amortiguar la caída en el último momento. Como si adoptar un rol pasivo conectara todavía más con el sentimiento de desesperanza, con ansiedades muy primitivas, con el no estar vivos y se abandonaran al destino.
Además, estas conductas, en ocasiones, ponían incluso en riesgo la integridad física/psíquica de profesionales, y, por otro lado, a veces, provocaban una alta movilización de recursos, donde especialmente en algunos de los casos más graves, parecían querer mostrarnos una y otra vez, las fisuras de la red de protección y donde todas las medidas parecían insuficientes. Por otro lado, algunas personas eran especialmente permeables a la imitación de determinadas conductas, por lo que, en algunos periodos era posible enfrentarnos a varias conductas autolesivas de forma simultánea.
Todas estas cuestiones nos invitaron a reflexionar sobre nuestra responsabilidad, la responsabilidad de la persona hacia sí misma y hacia el otro, haciendo que el protocolo de prevención de suicidio y conductas autolesivas, evolucione hacia una mayor participación y colaboración de la persona residente, entendiendo que su implicación activa es fundamental para la prevención de este tipo de conductas. Promover una corresponsabilidad entre las partes, ajustada a la capacidad y momento de la persona, donde la psicoeducación previa y el vínculo profesional juegan un papel fundamental en la prevención y abordaje de las conductas suicidas y/o autolesivas.
De esta manera, una de las cuestiones que se abordan en los perfiles con antecedentes de autolesión y/o tentativas de suicidio, y/o que verbalizan en algún momento de su proceso ideas de muerte, es el plan de seguridad. En ese plan de seguridad, junto con la persona, se exploran estos episodios autolesivos, y además de los factores precipitantes, las señales de alarma (psicológicas, físicas, conductuales…), las posibles estrategias de contención, personas/profesionales a las que pedir ayuda, medidas para establecer un entorno seguro y, por último, y esto resulta fundamental, las razones para vivir y que dan esperanza.
Trabajar estas cuestiones desde el vínculo y la estabilidad, entendiendo que es importante tener una actitud proactiva preventiva a través de la psicoeducación previa, que facilite, que, en los momentos de crisis y/o riesgo, cuando aparecen las señales de alarma y/o los factores precipitantes, la persona pueda tomar conciencia del riesgo y pida ayuda, y de esta manera, active e integre, desde la corresponsabilidad y el acompañamiento, los mecanismos de autoprotección y cuidado acordados.
Itziar Iriarte
