Clínica en la salud pública

No creo que el diagnostico psiquiátrico al uso haya sido para mi un problema a la hora de desarrollar mi trabajo en Salud Mental, aunque si una preocupación por las posibles dificultades que esto pueda significar para los pacientes en cuanto a cerrar preguntas sobre la subjetividad, en algunos casos y la cuestión de una cada vez mayor difusión de estos diagnósticos no solo a través de la Red de salud(Osakidetza) -donde el paciente recorre todos los servicios pegado a sus diagnósticos -sino también de otras instituciones, como la educativa o las que intervienen en lo que se denomina como” desprotección del menor “.Es claro, como también señalan los compañeros del Hospital Rio Hortega y el trabajo de Carolina, que esto puede tener consecuencias segregativas para los pacientes, que en muchas ocasiones van arrastrando etiquetas desde su infancia que les ubican en el lugar que de los diagnósticos se espera, sin tener en cuenta al sujeto.

A lo largo de todos estos años de mi trabajo en la institución, he podido ir apreciando como progresivamente se iba dejando de lado la clínica del sujeto a la vez que se imponía un abordaje centrado en lo biológico conductual muy presente ya en las formaciones de los futuros clínicos M.I.R o P.I.R.

No creo que me confunda demasiado si ubico un mayor empuje de este lado tras la pandemia y la crisis actual del sistema Sanitario público, y aunque se llevaban años donde las políticas y el funcionamiento del Neoliberalismo orientan su trabajo y esfuerzo económico- sanitario en subvencionar al reduccionismo biologicista o su complementario psicológico cognitivo conductual, en la Universidad y otros centros de producción de la investigación y el saber psicopatológico.

Sin duda, la clínica de la Salud mental publica se ha empobrecido notablemente tras la insistente forclusión del sujeto en la que se halla inmersa, con cada vez menor espacio para el abordaje comunitario desde los distintos saberes de los profesionales, con lo que se resentirá muy posiblemente el abordaje del paciente psicótico y grave.

Pero creo que también, que a lo largo de su dilatada historia, el psicoanálisis y su clínica ha pasado por escenarios difíciles y esto no ha impedido que siga vivo en la institución de Salud mental y que podamos seguir haciendo un trabajo con el inconsciente de los pacientes, la trasferencia, la interpretación, etc.

Pienso también por mi experiencia, que puede hacerse un trabajo orientado por el psicoanálisis, teniendo sobre todo en cuenta las características clínicas y subjetivas del paciente, lo que, desde mi punto de vista, siempre tiene más peso a la hora de desarrollar el trabajo clínico que las superestructuras de los Centros o planificación de los gestores (creo que es una cuestión de trasferencia).

Y para acabar, podemos pensar que en relación al diagnóstico multicategorial, donde están recogidos gran cantidad de diagnósticos y síndromes, heredero de la psicopatología Krapeliniana, y aunque esto tengamos que utilizarlo en informes y comunicaciones, pues el amo institucional así lo indica, no tiene por qué condicionar el que se pueda planificar nuestra intervención , teniendo en cuenta las tres estructuras clínicas de la psicopatología analítica, su esqueleto clínico y no que el paciente tenga un número determinado de signos de un trastorno.

Me parece que, para el psicoanálisis y su práctica clínica, seria fundamental hacer visible la clínica del sujeto, y sacarle de ese progresivo orillamiento a la que se ve sometida.

Juan Luis Borda, mayo 2025