Love is in the air*
De los tres textos de orientación propuestos para resumir y trabajar hoy, he tomado como eje de lo que he elegido desarrollar, los últimos párrafos del texto de Lacan “Nota sobre el niño”. Dice: “La función de residuo que sostiene (y a un tiempo mantiene) la familia conyugal en la evolución de las sociedades resalta lo irreductible de una transmisión, perteneciente a un orden distinto al de la vida adecuada a la satisfacción de las necesidades, que es la de una constitución subjetiva, que implica la relación de un deseo que no sea anónimo.
Las funciones del padre y de la madre se juzgan según una tal necesidad. La de la madre: en tanto sus cuidados están signados por un interés particularizado, así sea por la vía de sus propias carencias. La del padre, en tanto que su nombre es el del vector de una encarnación de la ley en el deseo”2. Hasta aquí el fragmento de Lacan.
Ser madre no debe taponar a la mujer. Es el niño quien produce esta división madre/mujer, ya que, si solo estuviera presente esta dimensión de madre, en la que el niño satura el deseo, esto tendría serias consecuencias psíquicas en el niño. Hasta cierto punto, que el niño esté fetichizado por la madre, que tenga brillo fálico, es normal, está bien, si he entendido lo que dice Miller en su texto “El niño, entre la mujer y la madre”3, que es otro de los textos de orientación y que enseguida ampliaré. Esto formaría parte de un primer tiempo, donde convergen el deseo de la madre de que el niño la complete, y el deseo del niño de colmar esta falta. Pero si nos quedásemos ahí, si no entrara en juego el padre con su función simbólica de la ley que prohíbe el incesto, con su función de separación, estaríamos allanando el terreno de la psicosis: el niño quedaría como objeto, con serias dificultades para salir de esa posición. Lo que debe producirse entonces es un trabajo de filigrana: por un lado el padre, como vector de esa ley que transmite sin serlo (porque él también está sometido a ella) y por otro lado la madre, que brinda un lugar a ese padre separador. Desplegando un poco más esto, extraigo y resumo unos párrafos del texto antes mencionado de Miller. Dice: “La función paterna incide sobre el deseo de la madre, permitiendo así al sujeto un acceso normalizado a su posición sexuada. Pero la madre no puede ser sólo un vehículo de la autoridad del nombre del padre, es preciso además que para ella el niño no sature la falta en la que se sostiene su deseo. La metáfora paterna con la que Lacan transcribió el edipo Freudiano, no significa sólo que el Nombre del Padre deba poner bridas al Deseo de la Madre a través del yugo de la ley. Remite a una división del deseo, que impone que el objeto niño no lo sea todo para el sujeto materno”3. Esto dice Miller.
Estas funciones tienen que ser encarnadas para que operen bien, encarnadas por unos padres orientados por un deseo con nombre propio, poseedores de eso que quieren transmitir, eso que quedó tras la inscripción de la falta en ellos. Esos residuos posibilitan esta operación en el niño. Los padres han tenido que experimentar esta transformación de ser un organismo a tener un cuerpo para alentar en el hijo esta misma operación.
Vuelvo a dejarme ayudar por otro de los autores de los textos propuestos, en este caso de Bruno de Halleux, y recojo un párrafo de su texto “Un deseo que no es anónimo4” en el que dice: “Algo en la transmisión que no se puede reducir, algo que no se resuelve, algo que no se simboliza a sí mismo, algo que permanece fuera de la simbolización”. Esto que dice Bruno hace que me pregunte “¿qué es entonces lo que se transmite? si es algo irreductible, irresoluble, que está por fuera de lo simbólico… ¿está hablando de lo real? concretamente me hace pensar en el amor como real, y en particular en un aforismo de Lacan: “Amar es dar lo que no se tiene5”, y subrayo que dice “es”, no dice “es como” o “hace falta para”, no. Dice “es”. ¿Y qué es eso que se da, en tanto no teniéndolo, y que es igual al amor?: la significación de lo que falta, el falo simbólico, el complejo de castración, ni más ni menos. Esa es la transmisión de la que se trata.
Jacques-Alain Miller alude en el texto ya mencionado, a “La significación del falo6”, texto de Lacan, donde este explica la importancia de este complejo de castración. Tiene una importancia extrema porque dependiendo de si se acepta o no la castración, se tratará de una estructura o de otra. Si los padres dan lo que no tienen, dan su amor, esto posibilita que de toda esta alquimia se decante un sujeto con un cuerpo, en el que se pueda inscribir un inconsciente. Es decir, un sujeto de deseo. Así es esta ley: prohíbe lo que es imposible al mismo tiempo que origina el deseo, porque no puede haber deseo antes de la aceptación de esta ley. Por eso dice Lacan que este complejo es estructurante y regulador.
En cambio, si no hay amor, si no interviene la metáfora paterna, el niño satura como objeto el deseo de la madre, y en esas condiciones no podrá acceder a la dimensión de la falta y el deseo. Entonces hay que ver que transmiten los padres, qué marcas deja esa transmisión en el hijo, y qué elección inconsciente hace este.
¿Y cómo pensar este deseo no anónimo desde la posición del analista?
Freud y Lacan tienen mucho en común, y de entre todas las cosas que comparten quiero señalar una: ninguno confundió el mapa con el territorio. Si una de estas dos cosas estaban mal ambos tuvieron siempre claro que era la primera. Los dos se introdujeron en ese territorio tan afín al deseo de ambos, y lo fueron cartografiando. Algo de este cartografiar está siempre en gerundio en lo que hace un psicoanalista cuando explora el inconsciente de alguien, cosa imposible de hacer si no ha pasado él mismo por esta experiencia. Porque es de ahí de donde surge el deseo (no anónimo), fruto del recorrido de su propio análisis. “El analista trata de inspirar al analizante a tomar el relevo de ese deseo.” dice Miller en Leer un síntoma7”. Es este deseo lo que anima a alguien a embarcarse en la odisea de hacer un análisis.
El deseo de Freud y Lacan fue un deseo decidido. Si no hubiera sido así no se habrían encontrado más que con lo que ya sabían. Nada que cartografiar, nada que explorar, nada que inventar. Eso mismo es de lo que se trata en el trabajo con cada analizante: salir de la órbita del sentido, donde no vamos a encontrar nada nuevo, donde nos quedaríamos como estrellas dando vueltas eternamente, orbitando alrededor del agujero negro, que no por casualidad hay en el centro de cada galaxia. Como lo real en el centro de cada parlêtre. ¡Allí hay que apuntar!: a la tumba vacía, a la tierra del ya nadie, al vientre oscuro de la araña8 (usando términos de Lacan). Apuntamos a lo real entonces, precisamente a eso de lo que el sujeto se defiende con uñas y dientes, con sus síntomas y su fantasma. Se defiende de ese agujero insoportable que es el abismo de la existencia, ya que por el efecto de lalengua carecemos de instinto que nos oriente. Para que el sujeto haga este pasaje de defenderse de lo real a querer ir a su encuentro, la mejor posición del analista es una posición de amor. Si en el caso de la familia decíamos que amar es dar lo que no se tiene, en el trabajo psicoanalítico hay que encarnar este lugar de amor. Es, allí donde el goce pulsional mortifica al sujeto, infiltrar otra cosa que pueda operar sobre ese goce, y que el analizante pueda hacerse cargo de él, introduciéndolo en el cauce del deseo. Pero esto ya lo dijo Lacan de una forma mucho más bonita: “sólo el amor hace condescender el goce al deseo9”.
* John Paul Young, canción 1978.
Verónica Lorente
Notas:
- Lacan, Jacques. «Nota sobre el niño». Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 393-394.
- Miller. Jacques Alain. «El niño entre la mujer y la madre». Virtualia, nº 13, 2005.
- De Halleux, Bruno. «Un deseo que no es anónimo». Web Congreso PIPOL 12.
- Lacan, Jacques. El seminario, libro 8, La transferencia, Paidós, Buenos Aires, 1960.
- Lacan, Jacques. “La significación del falo”. Escritos 2. Siglo veintiuno editores, 1975, pp. 653-662.
- Miller Jacques-Alain. “Leer un síntoma”, Revista Lacaniana de psicoanálisis, nº 12, Grama, Buenos Aires, 2012.
- Lacan, Jacques. El seminario, libro 20, Aún, Paidós, Buenos Aires, 1972.
- Jacques Lacan, El Seminario, libro 10, La angustia, Paidós, 1962.
