Espacio hacia las jornadas: El Acto
El acto analítico, esa extraña pareja
“El acto analítico, que nadie había siquiera pensado nombrar como tal antes que yo, lo que es un signo preciso de que ni siquiera se había planteado la cuestión. Si no, si se hubiera pensado que en el psicoanálisis había en alguna parte un acto, lo más sencillo habría sido nombrarlo. Hay que suponer que esta verdad estaba velada.” dice Lacan, en el Seminario 16, en el capítulo 22, “Paradojas del acto analítico”.
Así, podemos decir que “esta extraña pareja de palabras” como lo dice al comienzo del S. 15, es un concepto que él introduce y que se añade a la transferencia y la interpretación, sin sustituirlos.
Para tratar de entender a qué lógica responde este concepto, me he guiado por el texto de Miller, “La interpretación al revés”.
En este texto, Miller comienza por situar que la oferta del psicoanálisis es escuchar y descifrar (interpretar) el síntoma a través de la palabra, porque suponemos que algo quiere decir, pero que es inconsciente.
Se trata de interpretar el inconsciente. Aunque dicha interpretación analítica vendría en segundo lugar, pues se basa en la interpretación que el inconsciente mismo ya ha hecho en relación a un goce que no responde al principio del placer, en un intento de incluir al Otro en el circuito para intentar una elaboración sobre un real que, por no responder al sentido, produce horror.
Por lo tanto, la interpretación primera es del inconsciente, está incluida en el concepto mismo de inconsciente.
Interpretar es dar sentido, o dicho de otra manera, es descifrar el ciframiento de goce.
Pero descifrar es cifrar de nuevo, por lo que el movimiento solo se detiene en una satisfacción. Y esto nos lleva al análisis interminable. Siempre habrá una interpretación más, puesto que el significante está hecho para captar el efecto de significado, pero tiene dificultades para dar cuenta del producto de goce.
Es por lo que Lacan intentó integrar el goce a la estructura del lenguaje con el invento del objeto a, para integrar la libido freudiana.
Hasta que ya en su última enseñanza, abre una dimensión distinta, donde la propia estructura de lenguaje se relativiza y solo aparece como una elaboración de saber sobre “lalengua”.
Es a partir de esto que la interpretación ya no será nunca más lo que era. Lo que Lacan sigue llamando interpretación, esa que busca el sentido, ya no es más.
La nueva forma de entender la interpretación es la de reconducir al sujeto a los significantes propiamente elementales sobre los que el inconsciente ha delirado.
Si hay desciframiento ya es uno que no da sentido. Lo que llamamos todavía interpretación apunta a una opacidad irreductible en la relación del sujeto con lalengua. Por eso la interpretación ya no es puntuación, que pertenece al sistema de la significación, siempre semántica. Ahora se trata del corte. Corte entre S2 y S1, tal como se sitúa en la parte de abajo del discurso analítico.
La cuestión, entonces, no es saber si la sesión es corta o larga, silenciosa o charlatana, sino de si es una sesión a-semántica, que reconduce al sujeto a la opacidad de su goce, afirma Miller.
Tras la lectura de este texto, pienso que el concepto de acto analítico responde a la misma lógica que este nuevo abordaje de la interpretación. Es la lógica de producir un cambio en el modo de goce de un sujeto, una mutación subjetiva en su posición ética en relación a su decir.
Tal como nos dice Neus Carbonell en el texto de orientación “El acto y sus consecuencias”: “Con el concepto de acto analítico, Lacan elucida por qué en un análisis no basta la interpretación que fijaría el sujeto al goce del sentido. Es necesaria la experiencia de lo real, y, para ello, es necesario el acto analítico. Es la experiencia de lo real la que conlleva una clínica de las consecuencias, otra manera de decir que el analizante se define por hacerse responsable de su decir”.
Felicidad Hernández
