Lo que no cesa de no escribirse
En primer lugar, muchas gracias por invitarme a participar, Julio e Itziar, a este espacio de trabajo “Hacia el XV Congreso de la AMP: no hay relación sexual”.
El año pasado, la Comisión de cárteles de la ELP lanzó una llamada para constituir cárteles hacia el XV Congreso de la AMP, en la modalidad de sorteo. Los interesados nos inscribimos y se designaron los miembros del cártel por sorteo; nos comunicaron los resultados del sorteo en junio, se habían constituido 28 cárteles.
Lo que llamó mi atención en el título del XV Congreso de la AMP “La relación sexual no existe” fue el término relación ¿a qué se refiere Lacan con relación?
Lo que llamamos “retorno a Freud” en la obra de Lacan, desarrollado principalmente entre 1950 y 1966, designa la primera gran etapa de su enseñanza; en ese periodo podemos rastrear como para Lacan, la relación había sido siempre una cuestión fundamental.
Por ejemplo, en el “Estadio del espejo” muestra que lo esencial en el sujeto es la relación con el Otro; Lacan habla en ese texto de una relación narcisista. La relación sexual puede modelarse sobre esa relación narcisista, es lo que más tarde llamó relación imaginaria.
También podemos encontrar en Lacan la relación simbólica donde la relación simbólica del sujeto y el Otro está ordenada con el esquema de la comunicación. Tenemos otro ejemplo donde esta presencia de la relación es evidente, en el nivel del significante. La frase «el significante representa al sujeto para otro significante» muestra que hay relación en ese nivel.
Si ponemos el acento en el buen lugar, cómo señala Miller en La fuga del sentido “Lacan dice que la sexualidad es esencialmente una relación, […] la relación de un ser sexuado-con otro ser sexuado. Si queremos precisar más, dado lo amplio del término ser, hay que decir que es la relación de un cuerpo sexuado con otro cuerpo sexuado. Esto es lo más simple, la precisión que Lacan aporta al concepto freudiano de sexualidad: es una relación”1.
Pero Lacan comienza una nueva teorización del goce cuando, a partir del Seminario 11, introduce la idea de que la operación significante deja un resto que no puede ser absorbido por la simbolización. Ese resto —que más tarde formalizará como objeto a— desplaza el eje de su enseñanza, del predominio de lo simbólico hacia la irrupción de lo real.
Volvamos al texto de Miller para orientarnos: “Allí es donde toma su valor, […] el decir que, contrariamente a la sexualidad, el goce no es como tal una relación […] incluso es la negación de la relación. El goce como tal no abre al Otro”2.
El goce, por tanto, no hace relación con otra cosa y esto se articula con el “no hay relación sexual”. Para Lacan el goce funciona como un obstáculo estructural para la relación sexual, ya que introduce un exceso que no puede ser tramitado por la lógica del significante ni por la complementariedad imaginaria entre los sexos.
El concepto de goce, estremecimiento de la sustancia, se opone al de relación; podemos decir que el no hay relación sexual introduce el universal de la falla sexual.
En el aforismo “Il n’y a de rapport sexual”, Lacan juega con la ambigüedad del término rapport (relación), que se refiere tanto a su uso metafórico común, en el sentido de relaciones sexuales, como a su significado matemático y lógico.
Lacan nos enseña que, a diferencia de lo que ocurre en el reino animal, la relación entre dos seres hablantes está mediada no solo por la presencia del otro, sino por la posición que cada sujeto ocupa respecto de la función del falo y, por lo tanto, de la castración.
Entonces, si una relación es una proposición, una aplicación que puede definirse x R y. ¿Cómo podría escribirse lógicamente una relación entre un hombre y una mujer? Hay una imposibilidad, nos dice Lacan en el Seminario 20: “Todo lo que está escrito parte del hecho de que será siempre imposible escribir como tal la relación sexual”3.
Esto implica volver al “no hay” del aforismo “no hay relación sexual”; en la Conversación de Arcachon podemos leer lo que dice Miller al respecto: “[…] Lacan no escribe nunca esta falta, a diferencia de la falta forclusiva […]. La forclusión es un agujero. En cambio, el “no hay relación sexual” no es un agujero, por eso Lacan nunca lo escribió como tal: es un puro «no hay» […] es la página en blanco”4.
Ante lo imposible de escribir la relación sexual, ante la ausencia de una condición necesaria y suficiente que haga complementarios los dos sexos, el sujeto, a modo de suplencia produce el síntoma, su síntoma.
Lacan afirma en L’étourdit: “La ausencia de una relación sexual no implica que no haya relación con el sexo”5. El hecho de que no exista una relación sexual inscribible es precisamente lo que condiciona la existencia de relaciones; relaciones que pasan por el goce, el cuerpo, el lenguaje y por el saber hacer del inconsciente con lalengua, es decir, por el síntoma.
En el S. 20, Lacan define la relación sexual como “aquello que no cesa de no escribirse”6, podemos decir que lo real en el sexo introduce una marca traumática singular para cada uno. Un análisis puede abrir la vía a un movimiento posible: que aquello que no cesa de no escribirse encuentre, para
Esther González
Espacio Hacia el Congreso de la AMP No hay relación sexual, 12 de Marzo de 2016
Notas:
- Miller, Jacques- Alain. “El goce autista”, La fuga del sentido. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 163. ↑
- Ibid., p. 163. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Aún. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 46. ↑
- VV.AA. Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. Paidós, Buenos Aires, 1999, pp. 397-398. ↑
- Lacan, Jacques. “El atolondradicho”, Otros escritos. Paidós, 2012, p. 488. ↑
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Aún. Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 174-175. ↑
