No hay relación, hay sexuación
En mi interés por una reflexión sobre lo que llamamos “lo femenino”, en la que trabajo, he tratado de aclarar algunas cuestiones que me orientan y que hoy comparto en este espacio.
“No hay relación sexual” es un axioma fundamental para pensar nuestra época atravesada por la cuestión, más que del sexo, de los géneros. Es un imposible, es lo que no cesa de no escribirse y por eso, todo lo que está escrito parte del hecho de que será imposible escribir la relación sexual. Esto quiere decir que no hay lazo que no sea de discurso.
Para Lacan, en psicoanálisis no se trata de géneros. Considera que el sexo no es ni biología ni género sino cuestión de cuerpo y goce. Lo que sea en cada época hombre o mujer es un hecho de discurso y realmente no sabemos qué es.
Hay un real que es la imposibilidad de la relación sexual (no hay), que hace que los diferentes vínculos sociales, las estructuras del parentesco, los géneros, los dispositivos jurídicos-disciplinarios, se interpreten como modalidades históricas que responden a dicha imposibilidad que es transhistórica. Los discursos vienen al lugar de ese agujero imposible. Y hay también un real singular y contingente, marcas singulares de goce (hay).
La no relación sexual no excluye el encuentro erótico sino que es, precisamente lo imposible de la relación en el aparato psíquico lo que anima a la búsqueda de encuentros sexuales en los humanos. Quizá como un modo ilusorio de intentar escribir lo que no hay. Un fracaso que relanza la necesidad de empezar de nuevo.
Para abordar lo que no hay, Lacan toma lo que hay, el goce. En el Seminario 20 lo hace a través de las fórmulas de la sexuación. Tomo esta referencia por mi interés en trabajar la cuestión de lo femenino.
Sexuación
Lacan comenzó a escribir las fórmulas de la sexuación en el Seminario 18, en 1971, para abordar la diferencia sexual a través de la lógica y no de la anatomía. Será sobre todo en el Seminario 20 en el que escribirá, en el capítulo VII, las fórmulas en las que encontramos dos goces que responden a dos lógicas, que parten de la no relación sexual, y que pueden ubicarse en un mismo individuo.

Comentaré primero la parte superior de las fórmulas. Lado izquierdo, posición masculina: (cuantificadores lógicos, para todo y existe al menos uno) “Existe al menos un x para quien no phi de x” y “Para todo x phi de x”. Lado derecho, posición femenina: “No existe un x que no phi de x” y “No todo x, phi de x”. Siendo las barras negaciones (del cuantificador o de la función), y phi, la función fálica que tiene valor de castración producida por la entrada en el lenguaje.
Sería un goce relacionado con la castración y la falta, y otro goce sin relación a la falta. La función de castración (Brousse) implica un goce que responde al no y al N. P., debe estar prohibido para ser permitido. La función de castración es función del lenguaje. La posición llamada femenina implica que ambos goces están en juego, cuando no todo el goce está regido por el falo. No se trata entonces de hombres o mujeres sino de posiciones del ser hablante. Posiciones de goce y posiciones lógicas: de un lado lo universal y de otro lo singular.
Hay por tanto dos lógicas que operan a dos niveles: en los sujetos uno a uno y también en los discursos.
Lógica de todo con excepciones – Es aquella que permite a alguien decir, “soy hombre o soy mujer”. Corresponde al goce ligado a la castración y es afín al discurso del Amo. Los discursos de género están aquí. Todos los discursos de poder, normativos.
Lógica del no todo sin excepciones – No permite nombrarse del lado del ser, corresponde al goce que no pasa por la falta y está ligado al discurso analítico. Único discurso no normativo, se ocupa de lo singular. Posición del analista como vacío de toda subjetividad (igual que el goce femenino). Un vacío que opera, activo.
¿Qué sería entonces la sexuación?
Se refiere un complejo proceso en el que las diferentes lógicas y discursos dan lugar a la posición sexuada y a un tipo de elección de objeto (sexuación incluye a ambas) y dependen también de las particularidades (culturales, época, grupo) y la singularidad que además de contingente es producto de un consentimiento insondable.
Son todos estos factores los que influyen en la sexuación que nunca ofrece soluciones estables.
Lo importante es pensar la repartición en términos de goces y no de sexos. No se trata de diferencia entre sexos (que no sabemos qué son) sino que la diferencia sexual es de goces.
En la parte inferior del cuadro, las flechas establecen algún tipo de suplencia mediante el fantasma y el amor. Como sujetos tachados siempre estamos en el lado izquierdo de las fórmulas, seamos considerados hombres o mujeres.
Todo lo que está a la izquierda, puede ser representado por el significante Phi mayúscula, el Falo. En el lado derecho se ubica lo que no puede hacerse representar en su totalidad por el significante fálico, aquello que no es reductible a una posición de sujeto. Es lo no subjetivable del ser sexuado. Eso que se refiere, como hemos comentado a un goce no reglado por la castración.
La barrada, se refiere al Otro sexo, lo femenino, entre dos goces, con un pie en cada goce (flechas) y por tanto, no todo fálico. La barrada es también un modo de decir, “La mujer” no existe que es a su vez un modo de negar el universal, no hay esencia femenina. (Aquí Lacan coincide con Buttler y las toerías Queer aunque desde diferente perspectiva)
La sexualidad llamada masculina (lado izquierdo) es reductible a la lógica del fantasma.
El goce que en el seminario 20 es llamado Otro, dará pie en Lacan al goce del cuerpo, acontecimiento del cuerpo hablante que escapa al sujeto y al inconsciente.
Lierni Irizar
XV Congreso de la AMP No hay relación sexual, 30 de abril al 3 de mayo, 2026
