Presentación del libro Palabra quieta, de Elizabeth Escayola
“Al principio de todo, los seres humanos observaron una y otra vez.
[…] El universo entero se va comprendiendo a medida que lo observamos sin prejuicios”1
Buenas tardes, me he atrevido a comenzar esta presentación leyendo en voz alta estas frases extraídas del prefacio que realiza la autora y que recorren la lectura del libro*.
Muchas gracias por invitarme a compartir esta tarde con ustedes desde un ámbito que me es grato: el del autismo. Especialmente porque esta presentación se debe a la publicación de un libro, al que su autora, Elizabeth Escayola, a quien tenemos el placer de contar entre nosotros, le ha dado el título, “Palabra quieta: autismo, poética del fragmento”; título que, parafraseando a la autora, “se va comprendiendo a medida que nos adentramos en su lectura, sin prejuicios”.
Libro que debemos a una psicoanalista y escritora en el que nos hace entrega de un respeto y, me atrevo a decir también, amor por la vida, independientemente de la posición subjetiva que se adopte en ella y, que en este caso, hace referencia a la vida de los autistas y a cómo contribuir, cómo acompañarlos a que encuentren un lugar propio, uno por uno, «dándoles -cada vez- una posición de sujeto”, como ella dice y, así, hacer posible “un encuentro”2 con el mundo.
Cuando te sumerges en su lectura, descubres una posición ética que la acompaña al tomar de la mano de la escritura el coraje para testimoniar de su experiencia clínica con los sujetos autistas. Nos encontramos entonces con lo que una experiencia enseña cuando alguien quiere saber sobre ella, cuando alguien se atreve a ir más allá de su ser.
Me arriesgaré a decir, entonces, que este libro responde también a una manera de aventurarse a dilucidar un saber que fue adquiriendo a lo largo de una experiencia de trabajo y de compartirlo.
Escenas, relatos y marco teórico configuran la arquitectura del libro, que se estructura en dos partes. Una primera, que ha titulado «Escenas y Relatos», y otra más teórica, “Marco teórico”, en la que se entreteje, se trenza ese punto que sustenta los hallazgos en la práctica, puesta a prueba de la teoría misma. Partes que conversan entre sí, que nos permiten una lectura diferente, no lineal, un vaivén. Un libro que me ha evocado y, comparto con ustedes, cómo se construyen los constructos teóricos, cómo estos surgen desde la práctica, cómo no podemos olvidar que es desde ella que se descubren, se renuevan y se reinventan.
Elizabeth Escayola nos hace entrega de un estilo de escritura propio que Eric Laurent en su prólogo, califica de poético, permitiéndonos adentrarnos en el campo de las resonancias. Él lo expresa mucho mejor, nos dice, cito: «La autora posee un talento poético que le permite hacernos escuchar lo que resuena en un mundo que, con todo, nos resulta extraño, dentro de su coherencia”3.
Nos vamos a encontrar con un diálogo continuo, una conversación a varias voces. A veces la vamos a encontrar hablándose con ella misma, preguntándose; a veces dialogando con un poeta, con un artista, con nosotros, los lectores. Una forma de escritura que se adentra en el cuerpo del lector, que lo toma y le permite, junto a ella, recorrer y adentrarse en los caminos por los que ella ha transitado.
Entonces,
“Escenas” que, si consentimos en realizar la lectura, nos van “zambullendo” en el modo de habitar el mundo de las palabras, que no es sin el sentido del silencio, para cada autista, en cada encuentro. No hay una generalización, encontramos fragmentos, escenas, una por una, variedades. Un modo de decir y de hacer en singular, «a medida».
Continúo esta presentación leyéndoles un párrafo, leo textual,
“¿Puedes imaginarte un mundo parecido al nuestro, con la misma atmósfera y un solo planeta alrededor? ¿Con el mismo color en el cielo y los mismos tonos en la tierra, donde seres iguales a nosotros utilizan como palabras solo nombres propios?”4.
“Nombres propios». Puede parecer una herramienta para un efecto poético tomar estos significantes, pero no solo; si es que lo ha sido. Ella misma nos introduce en lo que, desde la gramática, se define claramente como “nombres propios”, no son cualquier palabra. La autora lo describe bien. Podemos incluso hacer un esfuerzo y recordar ahora su definición, esa que, seguramente, ni cuando nos la enseñaron en la escuela, en el colegio, conocíamos del alcance entonces, pero sí sabíamos algo, quizás su fundamento, que no hay dos, es en singular.
Quizás, después pueda ampliarlo, porque también lo he leído en relación con el título que ha escogido, “Palabra quieta”, en singular; aunque puede ser una lectura errónea la que he realizado.
Elizabeth Escayola da testimonio a través del libro de la orientación psicoanalítica que sustenta su quehacer “clínico” con los niños autistas, una orientación que acoge, de entrada ya, el no saber previo, que se sostiene de “un saber no saber”, “sin prejuicios”; un no saber que no está exento de angustia, pero que permite hacer con ella otra cosa que taponar la emergencia de un sujeto, no colocándolo en una condición de objeto de nuestra angustia. Una orientación que con Lacan, supo ir más allá de un escollo freudiano, sin retroceder ni ante la psicosis y en este caso, tampoco ante el autismo.
No vamos a encontrar en su lectura ningún método, sino una orientación que se sostiene desde una posición ética asentada en un marco teórico concreto que la autora nos presenta, la orientación psicoanalítica lacaniana.
Vayamos a la página 91 y escuchemos el poema de su autoría con el que nos abre la segunda parte; una invitación a adentrarnos en los conceptos con sencillez, rigurosidad y poesía,
“Toda la realidad está construida con el lenguaje
Toda la ciencia está construida a partir del lenguaje
¿Cómo hacer ciencia, pues,
Sobre el ser humano
Si es un ser hablante?
¿Con el lenguaje?
No
Entonces hagamos lo que podamos
Que es mucho
Aunque sea difícil
Aunque no se entienda del todo a Lacan
Hay que cruzar los desfiladeros de las palabras…
De lo que se entiende
Y de lo que no
Porque nuestro cuerpo
Por nosotros como sujetos que
Tenemos insertados en nosotros mismos eso que nunca
se comprende del todo
Por eso
Algunos dicen que no se entiende a Lacan
De entrada, no
Hay que cruzar…
Como se pueda…”5
Su lectura me conmueve; lo digo desde el cuerpo, como puedo.
Sigamos, volvamos a las “escenas”.
He escogido algunas, tratando de llamarles a su lectura,
Escena 4, La luz bebé (Arlet)6.
– «No la entiendo. Espero. Este silencio permuta las cosas»
Fijémonos de qué manera la escena da a conocer la importancia del silencio en el campo de la palabra, para todo ser hablante, a través de lo que nos enseñan los autistas.
“Este silencio – nos dice,- permuta las cosas. […] Elige mirar cómo se mueve la luz y como guía que la sigue, habitando con la niña su silencio, es la niña la que le da la consigna “cógela […] e insiste, tócala”7.
No hay intrusismo, tampoco abandono, es una posición de apertura para que la niña encuentre su quehacer, sus «atajos» por los que habitar el mundo.
Escena 5, Esquís (Bernard)8
– “Quiero acercarme, pero no me deja.[…] Sin más protección que esta distancia, espero sin mirarlo, no sea que el brillo de mis ojos cierre los suyos. […] Le anuncio que voy a aproximarme. Doy un primer paso… Cuando llegue a su lado, hablaré con voz casi sorda, para que no se asuste”9.
“Sin más protección que esta distancia”, con cuánta sencillez nos hace este recorte fundamental, la distancia como forma de protección contra el Otro, ese estatuto del Otro y su construcción. La importancia de darse y darle el tiempo para que ese Otro, quizás, pueda nacer de otra manera – permitiéndome hacer un guiño a los Lefort- otra manera para que se pueda dar con una forma en la que sea posible acompañarlo, no si el autista.
“Cuando llegue a su lado, hablaré con voz casi sorda, para que no se asuste”, de nuevo, la intervención acompañada de lo que los autistas enseñan, y que, se lee en el segundo apartado, “La voz. Y la voz en el autismo”10, capítulo que introduce con un bello poema de Roberto Juarroz. En la voz se cuela algo de esa dimensión subjetiva que los autistas evitan, y cómo en su acto ella está advertida, lo refiere así, “hablaré con voz casi sorda, para que no se asuste”. Cómo no se adentra en este “saber hacer con” a través de lo que los autistas nos enseñan y que, cuando hablamos de conceptos, no podemos obviar que son esas las palabras que nosotros hemos inventado para nombrar estos descubrimientos.
Volvamos a la Escena 4 La luz bebé (Arlet) – Cómo vivir fuera el espejo11
– “Cuando me debatía y estaba a punto de ceder y de decirme que no sabía, porque no lograba estar con una niñita que vivía el mundo como un espejo, se me planteó como única alternativa supervisar”.12
Podría continuar. No, no se trata de ésto, continuarán ustedes, cada cual.
Lo que nos deja como un tesoro es esa posición de no saber por ellos, de no adelantarnos a ellos, y aún menos, hacerlos como respuesta a nuestra propia angustia, porque si sólo podemos escucharnos a nosotros mismos, porque si no podemos dar cabida a ese vacío que es el deseo de analista para alojar a ese niño autista, en ese momento concreto, entonces, si eso insiste, como nos dice la autora, es necesario supervisarlo.
Su escritura nos abre la puerta a la lectura sobre cómo los niños autistas se agarran a la vida; ¿acaso no es esta la posición que en cada escena se relata, en cada fragmento en el que el autista se da a escuchar, incluso en su silencio? Aunque, claro, hay que poder escucharlos, como decía Lacan en 1975, en Ginebra, en la conferencia que dio sobre el síntoma.
Él, Lacan, nos legó con su orientación una apertura diferente a lo que se venía teorizando sobre los sujetos autistas hasta ese momento. Así, en el diálogo que mantiene con el Dr. Cramer le responde:
Cito:
“El ser que he llamado humano es esencialmente un ser hablante.
Escuchar forma parte de la palabra”[…] la resonancia de la palabra es algo constitucional. Los autistas escuchan muchas cosas […] y se trata de ver precisamente dónde escucharon lo que articulan. […]
No llegan a escuchar lo que usted tiene que decirles, en tanto usted se ocupa de ellos. […] Es lo que hace que que no los escuchemos. El hecho de que ellos no nos escuchan. Pero finalmente, sin duda, hay algo para decirles. […] “Que usted tenga dificultad para escucharlo, para dar alcance a lo que dicen, no impide que se trate, finalmente, de personajes más bien verbosos”13.
La autora también nos lo dice de entrada,
“Si miras y escuchas, descubrirás que esos seres que no juegan con las palabras, como nosotros, saben jugar de otra manera”14.
Entonces, es necesario saber algo sobre las palabras y los seres humanos, esos seres que golpeados por el lenguaje desde el mismo instante en el que son llamados al mundo, quedan transformados; tejidos orgánicos en los que se enraízan las palabras, construyendo un cuerpo, palabras escuchadas, sin sentido, dónde, cuándo, cómo… de ello se da cuenta en diversos apartados, como encontramos en el epígrafe de la segunda parte, “Ser hablante y cuerpo”.
Leo:
“la estructura del lenguaje se atrapa cuando se liga la cuerpo”15.
No todos los seres humanos las organizan de igual manera. ¿Cómo pueden ellos habitar el mundo de las palabras? Hay que poder escucharlos.
De esto trata este libro, de esta pregunta y de cómo esta pregunta, siempre abierta, ha enseñado a Elizabeth Escayola a escucharlos y acompañarlos, uno por uno, momento a momento; cómo ella se ha dejado enseñar a habitar el mundo de las palabras de otra manera; cómo nos dice, “no todos las organizan de igual manera”, y que el ámbito del autismo pone de relieve en primer plano.
Centrándose en el aspecto clínico más singular del “sujeto”, aunque este esté por venir, impulsada por el deseo que presenta en nombre propio, Elizabeth Escayola nos hace un regalo, este libro, entregándonos lo que a ella también le entregaron, y que comparte a través de su escritura, dando testimonio de su quehacer clínico, nos entrega su esfuerzo de extraerlo, de articularlo, de documentarlo, de entregarlo y, de ponerlo en circulación. Y, desde luego, me atrevo a asegurar que quien se pare a leerlo, encontrará esa “x”, esa letra, con la que en la infancia jugábamos para encontrar “un tesoro”. Eso nos entrega ella, el tesoro que los autistas le han enseñado y que nos enseñan sobre ese ser que es el ser hablante.
Ya desde el título hallamos ese entrelazado entre la práctica-teoría, con una indicación precisa, un concepto teórico básico. Palabra quieta, « quieta», en singular y que indica, sin movimiento, sin encadenamiento, sin sentido, pero palabra.
Encontramos como el sujeto autista padece el significante en tanto real, “son signos o iconos que, pegados a lo real, reales ellos mismos, funcionan como piedras”16, nos dice.
Un enfoque diferente, que no un método; una orientación clínica que pone el acento en esa posición propia del autismo. Una orientación que sabe que el interviniente ha de tomar una posición para hacerse aceptar, para ser invitado a entrar en su mundo y acompañarlo al encuentro con su lugar singular, no sé si se podría decir, encontrar su nombre propio. Lo podemos conversar.
Podemos leer aquí otra modalidad de la transferencia, ese motor que también es posible en el trabajo con los autistas, pero que, como despliega a lo largo del texto, se trata de otra modalidad. Nos lo dice de muchas maneras, no hay clínica psicoanalítica sin transferencia, más allá del lugar donde se realice, en un colegio, en una consulta privada, en un centro específico, en un centro de día o en una residencia, siempre es, “bajo transferencia”, pero no bajo el sentido,“[…] ahí no se interpreta, no necesitan traducción, porque ellas mismas ya la llevan”17. Lo que esto significa específicamente en el campo del tratamiento del autismo, la autora lo muestra y lo examina siempre de nuevo, en cada caso y en cada encuentro, qué posición “ocupar” para que se pueda establecer la posibilidad de un encuentro con cada autista, el de un doble, el de una voz silenciada, a partir de interesarse de su objeto autístico, … «La mejor posición del adulto con el autista es la de «un guía que le siga»18, una expresión que es también un concepto teórico.
Desde su propio estilo, que tampoco es universal, que le es propio, y para este libro en particular, ella va mostrando como esas posibilidades pasan por la construcción de un “neo-borde”, que, para quienes se adentren por primera vez en la orientación psicoanalítica lacaniana, leerán con la claridad de la escritura empleada en el libro y con rigurosidad, como les decía, nos encontramos con otro destacado concepto teorizado a partir de la práctica clínica. “[…]a falta de esa aceptación del Otro, a falta de construcción de cuerpo, pueda acceder a otro tipo de borde, y así ir ampliando su mundo de realidad e insertarse en él”19.
Hay otros muchos aspectos a destacar y que ahora les toca a ustedes encontrar, si así lo quieren.
Ha sido y es un gusto disfrutar y aprender con este libro, en el que se unen un deseo de transmisión y un estilo que entrecruza diversas modalidades de expresión escrita con una documentación exhaustiva, que incluye testimonios de autistas, como Donna Williams, entre otros. Un testimonio que enseña y conmueve, al menos así lo ha sido para mí. Pero, ¿acaso se puede aprender sin conmoverse?
Tenemos aquí a su autora, Elisabeth Escayola, psicoanalista. Bienvenida, es un placer contar con su presencia esta tarde. Gracias.
*Presentación del libro «Palabra quieta», de Elizabthe Escayola, el 19 de octubre de 2025 en la BOL-San Sebastián.
María Verdejo, AP, miembro de la ELP, AMP.
Notas:
- Escayola, Elizabeth., Palabra quieta. NED editorial, Madrid, 2024, p. 24. ↑
- Ibid., p. 250 ↑
- Ibid., p. 17. ↑
- Ibid.,p. 27. ↑
- Ibid., p. 91 ↑
- Escayola, Elizabeth., Palabra quieta… Óp.cit., p. 29. ↑
- Ibid., p.29. ↑
- Ibid., pp.30-33. ↑
- Ibid., p.29. ↑
- Ibid., p.150. ↑
- Ibid., p.17. ↑
- Ibid., p.13. ↑
- Lacan, Jacques.»Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, Intervenciones y textos 2. Manantial, Buenos Aires, pp. 133-135. ↑
- Escayola, E., Palabra quieta…. Óp.cit., p. 21. ↑
- Ibid., p. 135. ↑
- Ibid., p. 28. ↑
- Ibid., pp. 27-28. ↑
- Ibid., p. 255. ↑
- Ibid., pp. 264-265. ↑
