Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano | Comunidad del País Vasco

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Agradezco la invitación de Juan Jesús Ugarte a la Biblioteca de Orientación Lacaniana y al autor del libro, Luis Segui, por la escritura del mismo y por su presencia entre nosotros. Habitualmente no es fácil poder comentar y conversar a viva voz con el autor, el libro que uno tiene entre manos.

Y ¿cómo empezar? Paseando por las librerías de la ciudad es habitual encontrarse con una estantería repleta de libros bajo el título de autoayuda. Esa es la estantería del Bien. Doy ejemplos: "Las claves del éxito", "Guía para la transformación total positiva"; "Yo estoy bien, tú estás bien", "Como tener confianza en ti mismo y vivir bien"... vamos, libros llenos de positividad... aunque sus lecturas puedan ser algo deprimentes. Por más voluntad que le pongo no consigo estar a la altura del ideal de bienestar al que me llevaría una correcta aplicación de las técnicas que indica el libro. El filósofo coreano afincado en Berlin Byung-Chul Han trata en sus ensayos algunas de las consecuencias de este exceso de positividad en torno al que describe la sociedad moderna y sus sujetos del rendimiento

Por eso tiene otra frescura descubrir en la estantería un libro que lleva por título el enigma del mal. Ya de entrada nos coloca en otro lugar, tratando de abarcar un real de la condición humana, en su sentido más problemático y contradictorio, con nuestro Dr Jekyll y nuestro Mr Hyde, nuestra división, dando espacio a los interrogantes más fundamentales de la existencia. Tenemos pues libros de respuestas rápidas frente a un libro de buenas preguntas.

A su vez el título -"enigma del mal"- tiene resonancias freudianas. En su interpretación de los sueños el contenido manifiesto del sueño es como un jeroglífico egipcio, un enigma. Tenemos así un mensaje que puede ser desencriptado. ¿Se podría encontrar entonces la respuesta al mal? ¿Se puede desvelar el enigma?

Es con el concepto de goce, la invención de Lacan en palabras de Jacques-Alain Miller, con el que el autor hace una aproximación al desciframiento: ese lugar donde su unen la libido y la pulsión de muerte (como aparece en la pág. 33). Un tipo de placer que incluye en si misma su contrario: el displacer. Antinomia interna al sujeto que se muestra dividido y no quiere su propio bien (esto en la página 123).

El problema con este posible desciframiento es que hay en el goce una satisfacción pulsional real, no abarcable por el significante, por la palabra: en ese enigma que persiste en el corazón de cada ser hablante hay algo imposible de decir. Algo de lo real sin ley a lo que el desciframiento no alcanza.

Lo imposible tiene también una resonancia freudiana que me lleva a hacer una lectura del libro desde los tres oficios imposibles descritos por Freud: educar, gobernar y sanar. Si los llevamos al terreno del mal: ¿Se puede educar para erradicarlo? ¿Gobernar para acabar él? ¿Curar para extirparlo?

 

Vamos con el primero, EDUCAR

La utopía pedagógica tiene raíces antiguas: ya Platón identificaba el mal con la ignorancia. La salida de la caverna a la luz del sol -equiparado a la idea del Bien- sería el camino a recorrer en el proceso de la educación del alma. También las luces ilustradas identificaban el Bien con la razón y confiaban en que la Historia traería el perfeccionamiento moral del ser humano.

Sin embargo la cultura no resultó ser un dique suficiente para las pulsiones destructivas: Ya en la 1ª Guerra Mundial gente estudiada se entusiasmó con la guerra. Cito la página 28: el estallido del conflicto desató una fiebre bélica que arrastró a las mejores cabezas pensantes de la época: Rilke, Thomas Mann, Stefan Zweig... personas presumiblemente sensible y educadas.

No hay pues garantía educativa. Como plantea Sócrates en su diálogo -el Menon- las técnicas son enseñables pero la virtud no. Da constancia de que de padres virtuosos no se siguen hijos virtuosos y que hijos virtuosos no siempre han tenido padres virtuosos...

 

Segundo imposible, GOBERNAR

Partamos del falso razonamiento común a todas las dictaduras: la libertad de los sujetos es la fuente del mal: limitando la libertad se acabará con él. Así, las utopías políticas en sus intentos de combatir el mal ha sido más aun el mal que ha generado. Cuando la política intenta ser terapéutica preparémonos para lo peor... y cuando además se une a justificaciones religiosas todavía más si cabe. El libro trata desde los planes de ingeniería social de la unión soviética a la policía religiosa y el ejército calvinista en pie de guerra contra el mal -censurando por ejemplo la música que podía ser libertina- pasando por las políticas colonialistas, el Estado Islámico o el eje del mal definido por el presidente de los Estados Unidos. Identificar el mal, determinar donde se localiza y quiénes son sus agentes obedece a una decisión que siempre es política (pág. 81). También nos lleva a tener de nosotros mismos una opinión particularmente elevada, cierta superioridad moral. El horizonte político renueva así repetidamente diversas personificaciones del mal.

 

Y tercer imposible,CURAR

La utopía médica -como reflejan por ejemplo las películas "La naranja mecánica" o "Alguien voló sobre el nido del cuco"- tampoco parece que pueda dar ningún fruto localizando el mal en algún órgano o algún tipo de fisionomía. Las tendencias biologizantes en criminología orientan sus investigaciones hacia posibles lesiones neurológicas. Los genetistas buscan sin éxito el gen donde se localiza el mal. Las neurociencias tratan de dar con la clave del cerebro del delincuente. Pero excluyendo el factor de la subjetividad no parecen poder darse respuestas satisfactorias...aunque los médicos seguidores de las teorías del criminólogo italiano Lombroso, practicaron con Cayetano Godino una intervención quirúrgica para extirpar así su maldad y su instinto criminal. Ya advertía Freud: ¡cuidado con el furor sanandi!

¿Qué tenemos entonces? Que sin educación, gobierno o cura total posible el mal de despliega a lo largo de la historia, tomado diversas formas de las que el libro -que invito a leer- da detallada cuenta: la caza de brujas, el pecado, los judíos, la propiedad privada, los musulmanes, la arbitrariedad del Soberano, la guerra...Con esa gran contradicción que es generar muchos males en nombre del Bien absoluto. "Historia" que queda definida de una manera muy precisa: en la página 109 por ejemplo leo: La Historia es eso: el sitio donde lo reprimido retorna, aunque sean otros los escenarios y diferentes los protagonistas.

 

Así que: ¿cómo mantener viva y abierta una política, una educación, una clínica, que incluya lo imposible? ¿Una plaza pública que no caiga en lógicas totalitarias que intentan dar con la solución final?

Creo que el discurso más acusado por el autor a lo largo del libro a la hora de pedir responsabilidades entorno al mal es el discurso del Amo. Bajo ese discurso con vocación de totalidad y mandato superyoico para inducir a la sumisión voluntaria (página 71), el sujeto ignora su división subjetiva, tapa su falta y queda empujado a identificarse con una causa hasta el punto de estar dispuesto a matar y morir por ella. Así, leo en la página 154: el significante amo ha estado presente en todos los conflictos ocurridos en el mundo.

Me pregunto y pregunto al autor del libro cómo podría también teorizarse algo del mal en el resto de discursos: ¿en la angustia ante la falta en ser del sujeto dividido, en las tecnocracias del discurso universitario, en el plus de goce del objeto a?

Hacia el final del libro se da un salto del discurso del amo al discurso capitalista. Esto me ha interesado. El autor plantea la idea de "La perversión generalizada" en la página 241 en relación al discurso capitalista. Me parecería interesante poder desarrollar algo de esto... ¿existe acaso un empuje a la perversión generalizada como un síntoma contemporáneo? ¿Una voluntad de goce empuja a los serial killers que muestran asesinatos como vaciados de significación? Tal vez el sujeto del rendimiento moderno más que nunca sólo es culpable por no gozar lo suficiente...

Para concluir, el libro describe y analiza en su segunda parte cinco casos concretos de asesinatos famosos, muy diversos. Me gustaría lanzarles a los casos la pregunta con la que el psicoanalista Eric Laurent concluye su artículo "La vergüenza y el odio de sí": ¿es posible darle vergüenza al homicida diciéndole "mírate gozar"?

 

Iñigo Martínez

 

 

 


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