Proteger al niño del delirio familiar. Misterio del origen

El hilo que he seguido para trabajar el texto de E. Laurent, es “alrededor del origen” —alrededor de un agujero— porque como lo señala Lacan, un agujero es una cosa que tiene que ver con lo real. Cito Lacan: “Es por el hecho de haber nacido de ese vientre y no de otro sitio que un serhablante, por haber nacido de un ser que le ha deseado o no, pero que por este hecho lo sitúa de una cierta manera en el lenguaje, que un serhablante se encuentra excluido de su propio origen”1.

El título “Proteger al niño del delirio familiar” cambia un poco del expuesto en las Jornadas de la ELP: “El niño como real del delirio familiar”. En el texto escrito que comento, me parece que E.L, acentúa la importancia que toman las ficciones y advierte al psicoanalista, sobre su orientación para con el niño.

F. Ansermet recientemente ha sacado un librito sobre el niño que se titula El Origen a venir, solo citaré unas frases sobre Lo real del origen cuando dice: “¿qué sentido dar a lo que fundamentalmente queda inexplicable”

Por ejemplo, ¿Dónde estábamos antes de nacer, antes de ser concebidos? la pregunta sobre el origen topa como la muerte sobre los límites de lo representable. Todas estas preguntas vienen de un real irrepresentable. Nuestro origen no es lo que nosotros decidimos…el origen no es un comienzo… tiene más que ver con un no saber que con un saber…

Dos imposibles origen y devenir se responden, es porque no se conoce, que existe la libertad del devenir, … el origen hay que situarlo en el presente, en la invención… el niño está en realidad en el origen de lo que va a devenir…” dice F. Ansermet.

Volviendo al texto de E.L, constatamos que hace un análisis de la familia “desde la definición que parte del matrimonio entre un hombre y una mujer, definición que pertenece al siglo pasado.

La familia contemporánea incluye diferentes formas de unión dice Con el cambio generalizado del género ¿quién sabe qué es un hombre o una mujer y cómo estar seguro que el otro es del mismo sexo en las parejas unisex?

Si la distribución de los sexos es una construcción social como lo considera la posición queer, lo universal queda caduco y entonces ya no hay certeza de la familia.

Así, lo que pasa con la educación de los niños es importante porque ¿quién sabe qué quiere decir educar a un niño? Los expertos, continua E.L. no se ponen de acuerdo, existe la burbuja educativa como se tiene también la burbuja financiera, inflada de soluciones. En lugar de responder a lo que quiere decir educar, transmitir un saber, no son más que quejas sobre la familia.

Su carácter de ficción de los lazos familiares y sociales, destruye la tradición creando nuevos lazos, pero, muy frágiles.

Este concepto de ficción me parece un punto clave en este texto ya que como dice E.L cuanto más sofisticadas son las ficciones más insiste una nostalgia del derecho natural. Tal es la paradoja: en el momento en que se multiplican las ficciones y sus incertidumbres, ellas ofrecen un campo nuevo a las concepciones más o menos delirantes de los padres en cuanto a lo que esperan de un niño.

Los padres se sienten culpables de no estar a la altura de los ideales transmitidos por la tradición, por la TV de Storylling.

El carácter convencional de las ficciones revela cada vez más, el carácter de objeto real del niño: objeto apasionadamente deseado, pero al mismo tiempo, rechazado.

Del texto, destacaré la ficción jurídica que dice: es el niño que hace la familia. Al nacer, el niño funda la familia. “Esta ficción, permite adaptar la ficción religiosa y la ciencia. El descubrimiento del código genético, incluso con padres desconocidos, brinda al niño un número calculable que le permite con certeza establecer la paternidad. Y con esta operación, la filiación queda reducida a una categoría burocrática.

La esperanza de encontrar un límite, bajo el modo de ficciones, es un impase, lejos de ser un límite la genética abre un universo de nuevas ficciones.” E. L. nos lleva a lo real del origen, a la causa cuando dice: tanto del lado de las ficciones jurídicas como del lado de las ficciones científicas, jamás se podrá dar cuenta del punto real que constituye el origen subjetivo de cada uno, la malformación del deseo del que se proviene. No la malformación genética sino la malformación del encuentro fracasado entre los deseos que lo han empujado al mundo.

Sobre este punto, comentando el texto de E. L2. Alexandre Stevens dice, como “cada uno proviene de la malformación de un deseo ideal, sin embargo, no hay más que deseos singulares, de un encuentro que pasa par la contingencia y que un niño tiene que arreglárselas con una familia patológica, problemática del deseo de sus primogenitores”. ¿Quién podrá pretender saber de qué extravagancia del goce ha salido? El origen mítico que sostienen las ficciones no impedirá jamás a nadie interrogar ese punto que ninguna versión sobre el origen podrá resolver: el misterio de ¿quién soy yo?, redoblado de la imposibilidad de ser causa de sí mismo.

No hay encuentro entre los sexos y el deseo del niño permanecerá como la metáfora imaginada del encuentro del paraguas y de la máquina de coser sobre la mesa de disección…

La posición del analista

En la medida en que el padre y la madre se apoyan solo sobre un ideal delirante siguiendo la vertiente de la ficción o de la ciencia, E.L. señala que, la posición del analista debe ser la de proteger al niño de los lazos familiares, de sus nuevas formas, de las pasiones que los habitan, del infanticidio secreto que es el deseo de muerte oculto en el lazo familiar. La orientación del psicoanálisis no es el de la psicología y Lacan señala la diferencia diciendo: mientras que la psicoterapia se apoya en la creencia en el padre, con la organización neoedípica, la orientación psicoanalítica lacaniana se apoya en el síntoma.

El síntoma organiza el mundo de las pulsiones más allá de la creencia en el semblante que es la creencia en el padre.

A partir del niño como objeto y no solo como objeto de la madre, puede reconfigurarse la posición paterna, no a partir del nombre sino a partir del anudamiento con este objeto. Lacan define al padre como una función, y refiriéndose a las matemáticas, define la función no por una esencia o un a priori como lo sería un concepto, sino por la realización en el conjunto del dominio de la aplicación. Solo podemos conocer la función paterna a partir de los modelos que ella da a ver. Si ser, es “ser el valor de una variable” es decir: “ser padre” es ser uno de los valores de la función paterna. Y los padres, uno por uno, encarnan diferentes versiones de goce de esta función. Son Père-versiones. Por lo tanto, no se trata del padre en tanto semblante sino en tanto que en relación al objeto a.

Sophie Gayard3, trata así este punto de Père-versions: “Lacan traduce el Edipo con la metáfora paternal. EL NdP es un operador, deduciéndose un universal del padre como función significante, en tanto que une el deseo (de la madre) a la ley (del padre). Pero no queda ahí, luego Lacan pluraliza y hace valer, los Nombres del Padre poniendo al padre como función. A cada uno su NdP a través de un significante particular. Pero, esto deja abierta la pregunta de saber cómo se encarna. Si el padre muerto se presta a lo universal de la función, la existencia del que ocupa eventualmente este lugar, es la de un padre vivo y en su singularidad de versiones de uno por uno —E.L. dice no a partir de la madre sino de la mujer, basta que haya uno que haga de una mujer el objet a que cause su deseo y que ella consienta, aunque se ocupe de otros objetos a, sus hijos”.

Si un hombre se ocupa de los objetos a de una mujer, dice Lacan: “que lo quiera o no ocupará el lugar del padre”

Frente a estos escollos, hay que navegar con la brújula del objeto a que toma en cuenta la reconfiguración de la familia. El objeto a anuda el goce y el dolor de existir.

 

María Luisa Alkorta

 

Notas:

  1. Respuesta de J. Lacan a una pregunta de Marcel Ritter 1976.
  2. A.E. De quelle bizarrerie de la jouissance sommes-nous issus? Ver foto imaginada de la metáfora.
  3. Sophie, Gayard. Le Corps Parlant, Bajo la dirección de J.-A. Miller, Scilicet, Ecole de la Cause freudienne, Paris, 2015, pp. 236-238.