Un deseo particularizado
La familia es cuestión de subjetividad, lo vemos en la clínica, es la particularidad del lazo que establece el discurso de esa familia en ese sujeto. Es un espacio ocupado por una red de relaciones decididas a veces por la biología, pero en todos los casos sublimadas por un vínculo social, una relación de palabra.
La familia está presente en la palabra del sujeto que escuchamos como significantes o huellas, que dejaron una idea de sentido en su vida y de los cuales tiene una profunda dificultad para separarse.
Para Lévi-Strauss, la familia es un grupo social que posee tres características:
- su origen es el matrimonio
- formada por el marido, esposa e hijos, nacidos del matrimonio; hay otros parientes que encuentran su lugar cerca del grupo nuclear
- los miembros de la familia están unidos por lazos legales y de derechos y prohibiciones sexuales1.
En “Los Complejos Familiares”2, Lacan, sostiene: “… las condiciones del medio que el desarrollo de los jóvenes postula y que mantiene el grupo en la medida en que los adultos progenitores aseguren tal función”. Es sumamente interesante, introduce el significante “función”, hay una disyunción entre progenitores y función.
Lo que constituye lo propio de una familia, tal como sostiene Lacan, en la “Nota sobre el niño”3, donde afirma: “La función de residuo que sostiene y mantiene la familia conyugal pone de relieve lo irreductible de una transmisión que es de un orden diferente de la vida según las satisfacciones de las necesidades, pero que conlleva una constitución subjetiva, lo que implica la relación con un deseo que no sea anónimo”. En ese deseo no anónimo, particularizado, se juegan las funciones de padre y madre.
Podemos recortar con Lacan, por un lado que la función de residuo de la familia tiene que ver con ese deseo no anónimo; y por el otro lado el modo por el cual la familia queda reducida a las funciones, que deben ser encarnadas.
Del lado materno, las ciudades marcadas por un interés particularizado; del lado paterno, en la medida en que su nombre permite la encarnación de la ley en el deseo.
Este deseo particularizado es imprescindible para la operación de humanización, más allá de la satisfacción de sus necesidades; la función fundamental del padre y la madre es la de una transmisión que permita la constitución subjetiva del niño. Ello implica, el encuentro del niño con un deseo que no sea anónimo; está encarnado en alguien, que ese alguien lo reconozca que pueda leer en los gestos del niño una intención que transforme el grito en llamada; algo que lo particularice y lo diferencie de los demás que incluye los cuerpos; y fundamentalmente lo incluye en ese universo al que ha advenido.
Universo en donde se efectuará, si nos acercamos a la última enseñanza de Lacan, el encuentro con lalengua materna, que afecta al cuerpo y lo envuelve en el goce. Con estas coordenadas el sujeto deberá situar, qué traumatismo se inscribió en ese malentendido familiar que porta las marcas de goce que los equívocos de lalengua han escrito sobre el cuerpo del niño; construyendo así un guion, una ficción, una novela.
Cristina Califano
Notas:
- Lévi-Strauss, Cl Spiro, ME & Gough, K. Polémica sobre el origen y universalidad de la familia. Editorial Anagrama. Barcelona, 1956.
- Lacan, J. “Los complejos familiares en la formación del individuo”, Otros Escritos. Editorial Paidós. Buenos Aires, 2012, p. 33.
- Lacan, J. “Nota sobre el niño”, Otros escritos. Editorial Paidós. Buenos Aires, Argentina, 2012, p. 393.
