Materia de enseñanza

No hay revelación, hay lectura

 

Tomaré dos puntos que me han interesado1:

1. Lo transmisible, lo intransmisible, y lo singular: La mancha

La subversión que Lacan operó sobre la cuestión de qué es un analista fue proponer que uno se convierte en analista no por identificación a su analista, que era la solución dada por la IPA, sino como resultado de haber llevado a término su propio análisis. Su propuesta, de radical vigencia, que nos orienta hoy, nos lleva más allá de los límites freudianos del análisis interminable. La cuestión del final es un asunto ético.

Cuando Lacan hace existir que hay una ética del psicoanálisis, no es porque sea una moral superior a otras, sino que la pone en relación, al hecho de que el sujeto no quiere su propio bien. Es una ética diferente a todas las anteriores de la tradición occidental, porque esta no remite al bien del sujeto, sino a aquello en lo que el sujeto es “su peor enemigo”, al odio de sí, de su goce. Remite a su propia división. Una ética entonces impensable sin el fantasma y la pulsión.

Esta dimensión ética desemboca en la pregunta que el propio Lacan se hacía tres años antes de su proposición, al preguntarse ¿Qué deviene entonces quien ha experimentado esa relación opaca con el origen, con la pulsión? ¿Cómo puede un sujeto que ha atravesado el fantasma radical vivir la pulsión? Esto es el más allá del análisis y nunca ha sido abordado2.

Esta imposibilidad de los analistas de dar cuenta de este fuera del análisis. ¿Cómo se iba a saber algo de esta pulsión, que quedaba fuera de los medios del dispositivo analítico? Lacan la abordará, abordará ese imposible, de manera institucional con la invención del pase en la Escuela.

Para Neus el término de su análisis, correlativo a la destitución subjetiva, fue hacer caer el resto que determinaba su división, del fantasma, y obtener el advenimiento del deseo como causa, efecto del vacío, que se mostró cuando la pulsión apareció más allá del fantasma que la fijaba y la determinaba.

Su búsqueda de la última palabra que nombrara la feminidad se confrontaba con el límite de lo ilegible, hasta el sueño donde este límite se concreta en la mancha negra, la misma que vio sobre el genital del tío, que le lleva a la afirmación “yo soy esa mancha”. Es el sujeto del inconsciente reducido a la pulsión. una mancha, objeto sin representación posible, y posteriormente la emergencia de un significante nuevo, fuera de la cadena.

Hay, sin embargo, en las mutaciones subjetivas, sobre el goce del sujeto, producto del análisis, algo único, singular, indemostrable como regla. Especialmente, o también, en el acto que escande el final. En el que hay una hiancia, un agujero, un corte. La misma Neus afirma “Los efectos de tales mutaciones no pueden probarse”.

No hay universal entonces tampoco para la enseñanza. Solo la demostración de cómo uno, una, lo logró, llegó al término de su análisis; y cómo en la performance que es el pase logró transmitir ese resto pulsional de la larga cocción del análisis. Creo que esto da cuenta de una cierta desmitificación del saber, en relación a lo real efecto de un análisis3.¿Indemostrable, pero transmisible? Que da cuenta de que la Escuela se funda en que lo no sabido es el marco del saber.

2. Sobre la transferencia y la Escuela

Esto me da pie para traer un segundo punto, que Neus subrayó en su primera enseñanza titulada: La transferencia al final. Punto que creo nos interesa ya que lo hemos discutido en diversos espacios de la Comunidad.

Una vez llegado el final se preguntaba, ¿cómo se pasa del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo, noción esta última que supone la necesidad lógica de la Escuela sujeto? ¿Cómo se pasa de la transferencia como motor del trabajo en análisis a la transferencia de trabajo, que es el motor de la Escuela sujeto?

Si bien no es necesario llegar al final para que haya transferencia de trabajo con la Escuela, lo que cambia al final de un análisis es que esa transferencia de trabajo se convierte en la orilla, la única orilla posible, a donde dirigir la transferencia que antaño sostuvo el lugar del Otro. Solo que ahora el Otro, que es la Escuela, existe solamente a causa de la transferencia de trabajo con los otros, existe como un sujeto de pleno derecho. No hay Escuela si no hay transferencia de trabajo. Y, sin Escuela, no habría destino para la transferencia al final. La Escuela es una necesidad lógica del fin de análisis.

Sin la Escuela la transferencia al final quedaría desorientada. En este sentido política del psicoanálisis y de su institución, fin de análisis y práctica analítica van indisolublemente unidas. Esto como ya dije no solo interesa al analista, interesa especialmente al analizante.

Félix Rueda

 

Notas:

  1. Alberti, C. Pasar su revuelta. El psicoanálisis nº 45
  2. Lacan, J. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. p. 271.
  3. Koretzki. C. Minimum de delirio. Le longueur des analyses. p. 58.