Carcajadas
Es un gusto estar invitado a trabajar sobre las resonancias que estas preciosas enseñanzas de nuestra colega Neus Carbonell tuvieron para mí. Que un cuerpo, el que tengo, consienta a una enseñanza, no es cosa que va de suyo. ¿Qué ecos, que significantes hicieron resonancia, cómo resonaron en mi cuerpo?
¿Qué hace que las enseñanzas de un AE, tengan un valor destacable para mí entre las torres de literatura psicoanalítica?
Cuando escuche a nuestra colega, así como cuando he leído los textos me invadió un afecto que me resultó algo preocupante. Un ligero aburrimiento, una especie de interés vacuo, algo inconsistente. Contagiado de cierto aire solemne en la sala, no encontraba en un primer momento resonancias que me parecieran realmente valiosas para mí.
De repente, me acuerdo, hay algo que retumba y me hace reír a carcajadas. Del vacío sepulcral, un eco rompe el religioso silencio. La mancha en los testículos del tío, suquet de peix ¿Un análisis de años de duración para finalmente terminar deseando ocupar el lugar de una mancha en los testículos, de una sopa? Que locura ¿cómo se lo voy a explicar a mi mujer…? ¿A eso me conducirá el análisis? Pasarse años intentando dar sentido al encuentro con esa mancha de los testículos traumática para finalmente consentir a serla, ese Witz me sigue haciendo reír.
Y bien, Neus lo dice al final “yo soy esa mancha, resto del objeto agalmático que sostuvo el análisis, insignia de un plus de goce sin posibilidad de representación”. Este encuentro traumático con la sexualidad, fue taponado por el objeto oral. Voraz se dirigió al analista demandando palabras en su letanía oral. “Señor, decid tan solo una palabra y será salva mi alma”. Así saturaba la falta en el Otro, del que se esperaba esa palabra, objeto agalmático.
Otra enseñanza la constato porque se disolvió cierta vergüenza respecto al deseo de ser analista. Neus nos habla de que deseo de ser y deseo de analista no están totalmente disociados. El deseo de analista adviene en una cocción lenta, no como efecto milagroso. Los efectos de tales mutaciones no pueden probarse, aunque en el control de la practica uno llegue a escuchar aquello que hace signo de algo nuevo en su posición”. Escuchar esto me hizo hacerme cargo de mi deseo neurótico de ser analista, no procurando negarlo con argucias teóricas, sino empujando una decisión a cernir el deseo de analista, en análisis y relanzando mi deseo de control. No tanto un control para una palabra que salve mi práctica, sino hacia consentir a dejarme enseñar por aquello que quizás sin saber en ocasiones acontece, desde una posición de objeto.
De objeto agalmático, soporte de la trasferencia a resto. Neus dice: ¿Qué extraño deseo me empuja a ocupar ese lugar que queda finalmente como un desecho? Obtener la diferencia absoluta, ahí ubica la transformación del deseo de ser analista en deseo de analista. Esto para mí resuena del siguiente modo: para el deseo de analista consentir a una enseñanza, cada vez.
La dirección clara y firme que el recorrido de este análisis me permite leer, va de la agónica búsqueda de una palabra de reconocimiento del ser al ser de desecho. Una mancha en los testículos y un suquetdepeix. Bien, esto relanza mi deseo analizante de cernir las manchas, los restos de mi propia historia.
Hace tiempo que a mí, me surge esa pregunta ¿cómo encontrar una satisfacción que permita soportar ese lugar de desecho? Respuesta singular, Neus enseña su manera, a través de su estilo Claro y firme, resto sinthomático de la vehemencia, la prisa y la contundencia, manifestaciones de la pulsión enlazada al fantasma, menos fascinada con el enigma, no empuja a la lectura del iccs., hace resonar el enigma.
Finalmente encontró su salvación, por los desechos. “Lo que los salva pues los salva a pesar de todo, es haber logrado hacer de su posición de desecho el principio de un nuevo discurso. Haber logrado sublimar lo suficiente su decadencia para elevarla a la dignidad de una práctica, es decir, de un objeto de intercambio”. JAM.
¿No es precisamente algo de eso lo que se puede cernir al final? Un analista, que consiente a su propio desecho, para poder ocuparse de los desechos de sus analizantes, esos desechos, sueños, lapsus, chistes, irrupciones de goce en sus variadas formas de las que quiere deshacerse; justamente quizás hacia allí va un analista porque se percató en su propio análisis que allí, en lo desechable, anidaba su singularidad.
Mikel Arranz
