La reinvención del cartel

I.

El Acto de Fundación nos recuerda que la fundación de la Escuela de Lacan va acompañada de la invención del dispositivo del cartel, en su doble función de puerta de admisión a la Escuela y espacio de transmisión de la enseñanza.

Esta conjunción sugiere que podríamos tratar de comprender algo de la lógica de la Escuela a través de la lógica del cartel mismo, que tratemos de encontrar algo de la experiencia inaugural de la Escuela en juego en la experiencia de cada cartel.

Podemos tomar como referencia aquí la afirmación de Lacan sobre la relación entre la hoja y la planta, que la estructura de la planta puede leerse en la estructura de la hoja. Creo que, en el caso de la relación entre la Escuela y el cartel, se puede al menos evaluar la salud de la planta a partir de la vitalidad de las hojas.

Así pues, cuando se trata del rejuvenecimiento de la Escuela, podríamos sugerir que el mejor lugar para empezar es el estímulo de los carteles, considerados como un órgano de la Escuela, tanto en el sentido fisiológico como político del término órgano.

Siguiendo a Miquel Bassols, podríamos decir que el cartel, como brazo armado de la Escuela, nos ofrece un dispositivo ágil, móvil y flexible, menos lastrado por las estructuras institucionales y quizás más fácilmente alineado con la reconfiguración de los discursos actuales a nuestro alrededor.

II.

Así pues, bajo el tema de la reinvención del cartel, propondría que intentamos reducir el cartel a sus elementos mínimos, a sus principios operativos básicos, y que a partir de esos principios buscáramos explorar parte del potencial sin explotar del cartel como marco para un modo renovado de transmisión psicoanalítica.

¿Cuáles serían entonces los principios mínimos del cartel? Por supuesto, esta es una cuestión que habría que explorar juntos, como parte de una conversación continua, pero esta conversación tendría que incluir al menos los siguientes principios mínimos que propongo para su consideración.

En primer lugar, la lógica del cuatro más uno. Y dentro de esta lógica, una exploración de la lógica del más uno en particular. Soy consciente de que se trata de una cuestión que se ha trabajado ampliamente, pero que apenas se ha agotado en todas sus dimensiones transferenciales, matemáticas y políticas, clave para la lógica colectiva que Lacan, siguiendo los pasos de Freud, busca elaborar.

Junto con esta lógica del cuatro más uno, podríamos extraer al menos tres principios que yo formularía como el principio de inscripción, el principio de producción y el principio de permutación. De ellos, el principio de permutación es quizás clave, ya que destaca la composición del cartel como una configuración limitada en el tiempo.

Pero entonces, ¿cuál sería el tiempo adecuado para el cartel? Si Lacan propone un número máximo y mínimo de participantes en un cartel, ¿podríamos decir que también podría haber un umbral máximo y mínimo para la duración del cartel? ¿Y cuánta variación habría antes de que el cartel corriera el riesgo de desnaturalizarse como tal?

Aquí la referencia tal vez no sería tanto al tiempo cronológico como al tiempo subjetivo. ¿Cuál sería el tiempo necesario para la subjetivación del trabajo del cartel, dado que el deseo en juego en el cartel es en sí mismo el resultado de la conjugación de los diversos tiempos subjetivos de los participantes?

Vinculado a esta noción del tiempo subjetivo del cartel estaría el principio corolario de que el trabajo del cartel no es anónimo, que cada participante en el cartel trabaja en su propio nombre, asume la responsabilidad del tema de su propio trabajo de investigación en el cartel.

Para mí, es este aspecto de la articulación entre el trabajo de cada uno y el trabajo de los demás lo que tal vez sea la clave de la lógica política de la experiencia del cartel. Extraer algo de la lógica subjetiva y colectiva que está en juego aquí sería la clave para distinguir el trabajo del cartel del trabajo de un grupo de lectura o de estudio en el ámbito del discurso universitario.

III.

Aquí también podríamos intentar destacar algo de la articulación entre el saber y el goce que entra en juego en el trabajo del cartel, contrastándolo con el discurso académico, donde no se distingue entre saber y goce.

Uno de los principios fundamentales de cualquier discurso de dominio sería que el saber es poder. La configuración del cartel, por el contrario, fomenta una separación entre los elementos del saber y el goce, lo que hace posible un modo diferente de articulación entre ellos.

De hecho, creo que podríamos considerar cómo el dispositivo del cartel no solo apoya una relación diferente con el saber, sino que al mismo tiempo implica un tratamiento del goce, o al menos un tratamiento del goce ligado al saber.

Sería interesante explorar las condiciones de esta rearticulación para ver hasta qué punto se podría sostener esta formulación del cartel como un espacio para el tratamiento del goce. ¿Significa esto sugerir que la experiencia del cartel es capaz de producir efectos de formación que podrían alinearse con la experiencia de la cura analítica en sí?

El cartel es, después de todo, un espacio en el que se ponen en juego cuestiones de transferencia y deseo, lo que hace posible diferentes modos de articulación no sólo entre el saber y el goce, sino también entre los intereses de uno y los intereses de los demás.

De este modo, la experiencia del cartel sirve para apoyar la posibilidad de elaborar una forma diferente de vínculo social, que no esté sujeta a las mismas tendencias masificadoras que vemos en juego en los discursos políticos y sociales actuales.

De ahí la importancia política del dispositivo del cartel, que sirve de marco para una experiencia que, al igual que la experiencia de la Escuela misma, encarna una nueva forma de vínculo social, articulada en torno al lugar del significante del Otro tachado, índice de lo real que encontramos situado en el corazón de la Escuela, el cartel y la clínica psicoanalítica.

Roger Litten

Jornada de cárteles, Bilbao 14 de febrero de 2026